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Las aplicaciones para retocar selfies conquistan el mundo

Por Marta Rodríguez

14 mayo, 2015
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No sé si a vosotros os pasa, pero cada vez que entro en Facebook siempre suelo ver algún anuncio que me invita a utilizar una aplicación para editar mis fotos y así parecer una top-model. No se… igual se debe a que soy mujer y ya tengo cierta edad, así que Facebook asumirá que ya necesito retoques.

Estas herramientas de alteración de la imagen son toda una nueva categoría. Si buscas “selfie editor” en la App Store de itunes, consigues más de 600 resultados, y estas aplicaciones son tremendamente populares.

Una encuesta realizada el año pasado entre personas adultas que utilizaban medios sociales por Harris Interactive, para el Centro Renfrew, descubrió que el 50% de la gente que publica imágenes de ellos mismos online, las retocan primero. De ellos, el 48% elimina imperfecciones, el 15% corrige el tono de su piel, el 12% edita las imágenes porque no les gusta su aspecto en general, y el 6% las editan para parecer más delgados. Las conclusiones de la encuesta son que la gente se ve presionada a editar y alterar sus imágenes para ofrecer la que ellos ven como su “mejor imagen”, en lugar de una imagen real de cómo son.

No te pases con los retoques o tus amigos pensarán que has visitado al cirujano plástico

No te pases con los retoques o tus amigos pensarán que has visitado al cirujano plástico

El retoque digital está convirtiéndose en una práctica común en nuestra sociedad, hasta el punto que utilizar una aplicación como FaceTuner para retocar nuestras fotografías ya prácticamente no se considera como un comportamiento vanidoso, sino como un comportamiento normal. Nuestra nueva realidad está tremendamente retocada, y ya asumimos que muchas de las fotografías personales publicadas en las redes sociales tienen algún que otro retoque.

Se están realizando estudios que intentan averiguar si la gente que “publica selfies en las redes sociales son narcisistas y psicopáticos, se están auto cosificando, o ambas cosas,” como escribía Gwendolyn Seidman, Doctora en Filosofía, en el blog Psychology Today. En el mismo artículo, la Doctora Seidman detallaba un estudio actual que examinaba la cultura del selfie y su relación con el “Trío Oscuro” – Narcisismo, Psicopatía y Maquiavelismo… ¡ahí es nada!

Tampoco hay que exagerar. Al fin y al cabo, eliminar un granito o unas ojeras de una fotografía tampoco está al mismo nivel que, digamos, manipular activamente a las masas para conseguir el poder mundial.

Podríamos decir que estas aplicaciones, que suelen ser muy baratas o incluso gratuitas, son una especie de Photoshop populista, y que desmitifican la perfección de las modelos que vemos en las revistas, dándole a todo hijo de vecino la posibilidad de competir con ellas.

Los pintores reales trataban de mejorar el aspecto de Felipe IV... ¿cómo sería en persona el pobre?

Los pintores reales trataban de sacar a Felipe IV favorecido. Imaginad como sería en persona el pobre

La verdad es que el retoque y la manipulación de la imagen no son en absoluto conceptos nuevos. Los retratos idealizados ya se daban en tiempos de los pintores de la realeza, que intentaban por todos los medios que, por ejemplo, Felipe IV, conocido como El Rey Pasmado, no pareciera tan pasmado.

En el terreno de la fotografía, el retoque ha existido desde sus comienzos, allá por mediados del siglo XIX, en que se utilizaban acuarelas para dar a las mujeres y a los niños mejillas sonrosadas y cabello dorado. En el año 2012 tuvo lugar una exposición en el Metropolitan Museum sobre fotografías manipuladas anteriores a la era del Photoshop, en la que podía verse como se reducían las cinturas de las modelos o se les eliminaban las arrugas.

Según el fotógrafo del siglo XX Edward Steichen, “toda fotografía es falsa de principio a fin, una fotografía puramente impersonal y sin ninguna manipulación es prácticamente imposible”.

Foto antigua retocada para dar un tono sonrosado a las mejillas

Foto antigua retocada para dar un tono sonrosado a las mejillas

Por lo tanto, todo se reduce a una decisión personal: ¿Vas a manipular las fotografías que publicas? Y si es así, ¿hasta qué punto? ¿dónde está el límite a partir del cual estas aplicaciones hacen que parezca que hemos pasado por el cirujano plástico?

¿Y qué pasa si publicamos la foto de un amigo, y resulta que tiene ojeras o arrugas? ¿Sería adecuado quitárselas así como así, o le tendríamos que pedir permiso antes? Porque si publicamos una foto en la que estamos juntos y retocamos nuestra cara pero dejamos a nuestro pobre amigo al natural, le estamos abandonando en la fría y dura realidad…

La verdad es que con este tipo de aplicaciones, lo único que evita que te hagas un cambio de imagen total, es que la foto sigue teniendo que parecerse a ti. Si te pasas y el retoque es muy evidente se te tachará de vano y artificial, sin embargo, si el retoque es sutil se aceptará como algo normal.

Por supuesto, en un mundo ideal, todos nos aceptaríamos a nosotros mismos tal y como somos. Y al fin y al cabo, gustarnos a nosotros mismos y que nos gusten nuestros selfies no tienen por qué ser cosas incompatibles, pero hay una gran diferencia entre suavizar una pequeña arruga de vez en cuando y convertirse en alguien como Kim Kardashian, que según las malas lenguas se gasta 100.000 dólares al año para que le retoquen los selfies.

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