La conversación sobre la adopción de iOS 26 lleva semanas bastante agitada, con informes que hablaban de una versión fría, con poco tirón y muchos usuarios resistiéndose a actualizar. Ahora que Apple ha publicado sus primeros datos oficiales, la foto es algo distinta: el ritmo es más pausado que con iOS 18, pero no tan dramático como se había llegado a sugerir.
Los números muestran que la mayoría de iPhone y iPad activos ya ha dado el salto a la nueva versión, aunque con algo más de cautela que otros años. En mercados como España y el resto de Europa, donde el móvil y la tableta se usan para banca, administración y trabajo, el ecosistema sigue siendo bastante homogéneo, pese a las dudas que han generado el rediseño, la compatibilidad y las novedades que llegan por fases.
Las cifras oficiales de adopción de iOS 26 en iPhone

Apple ha medido la adopción de iOS 26 tomando como referencia los iPhone que realizaron transacciones en la App Store el 12 de febrero de 2026, es decir, dispositivos que estaban en uso real y conectados a sus servicios. Con esa muestra, la compañía calcula que el 74 % de los iPhone lanzados en los últimos cuatro años ya ejecuta iOS 26, lo que ayuda a entender los motivos para actualizar.
Si en lugar de fijarse solo en los modelos recientes se analiza todo el parque de iPhone activos, incluidos los más veteranos que siguen funcionando, la cuota de iOS 26 se queda en torno al 66 %. Dicho en otras palabras, dos de cada tres iPhone en circulación ya han sido actualizados a esta versión.
Estas cifras se parecen mucho a las que Apple compartió en su momento para iOS 18, pero con matices. En enero de 2025, tomando también la actividad en la App Store como referencia, iOS 18 llegaba al 76 % de los iPhone recientes y al 68 % del conjunto de teléfonos activos.
La comparación deja a iOS 26 unos dos puntos porcentuales por debajo de iOS 18, tanto en los dispositivos modernos como en todo el parque instalado. La diferencia no es gigantesca, pero gana importancia cuando se mira el tiempo que ha tenido cada versión para expandirse.
Un periodo de medición más largo que con iOS 18
Uno de los detalles clave del informe es la ventana temporal utilizada para medir la adopción. En el caso de iOS 26, los datos se han recogido aproximadamente 150 días después del lanzamiento público de la actualización.
Con iOS 18, en cambio, el primer recuento oficial se hizo cuando habían pasado en torno a 127 días desde su llegada a los primeros usuarios. Es decir, iOS 26 ha tenido alrededor de tres semanas adicionales para ganar cuota antes de que Apple publicara sus porcentajes.
Pese a contar con ese margen extra, iOS 26 no alcanza los niveles de adopción que logró iOS 18 en menos tiempo. Esto refuerza la idea de que hay algo más de prudencia o resistencia entre los usuarios, aunque el volumen absoluto de dispositivos actualizados siga siendo muy elevado.
Desde la propia Apple se recuerda que, incluso con este pequeño frenazo, la empresa consigue que tres cuartas partes de su base instalada moderna estén en la misma versión de iOS en menos de medio año. Si se compara con la fragmentación habitual en Android, la posición de iOS continúa siendo muy ventajosa, también en Europa.
En países como España, donde el iPhone se usa a diario para banca, certificados digitales o gestiones con la administración, tener un parque mayoritario en versiones recientes facilita mucho la vida a desarrolladores, servicios públicos y usuarios.
Qué versiones siguen usando quienes no han actualizado a iOS 26
Los datos de Apple detallan también qué ocurre con los iPhone que todavía no han instalado iOS 26. La gran mayoría se concentra en las versiones inmediatamente anteriores del sistema, con iOS 18 como refugio principal de quienes han decidido esperar.
Según las cifras internas, aproximadamente el 20 % de los propietarios de iPhone recientes se mantiene en iOS 18, pese a poder actualizar. Si se mira el conjunto de teléfonos activos, en torno al 24 % del parque continúa en esa versión, una proporción relevante teniendo en cuenta el tiempo transcurrido desde el lanzamiento de iOS 26.
El 10 % restante se reparte entre ediciones más antiguas de iOS, donde conviven los dispositivos que ya no son compatibles con la nueva versión y usuarios que, por costumbre o por miedo a perder rendimiento, han preferido no moverse.
En ese bloque influyen especialmente los modelos que han quedado fuera de la lista de compatibilidad de iOS 26. Entre ellos figuran generaciones muy populares como el iPhone XS y otros terminales de su época, que tuvieron mucha presencia en Europa y en España y que ahora ya no pueden subir al último sistema.
Que estos teléfonos sigan en circulación pero no cuenten como posibles candidatos a iOS 26 provoca que, de forma casi automática, el porcentaje de adopción tenga un techo por debajo de lo que se vería si todos los dispositivos antiguos fueran compatibles.
iPadOS 26: una adopción algo más sólida en las tabletas
La otra cara de la moneda es la de los iPad y la adopción de iPadOS 26. Aquí el comportamiento de los usuarios es ligeramente distinto, aunque las tasas de actualización siguen siendo altas si se comparan con otros ecosistemas.
Apple señala que el 66 % de los iPad lanzados en los últimos cuatro años ya funciona con iPadOS 26. Es decir, dos de cada tres tabletas modernas han hecho el cambio a la versión actual del sistema operativo.
Si el análisis se amplía a todos los iPad activos, sin importar la antigüedad, iPadOS 26 alcanza el 57 % del parque. Aunque esta cifra queda por debajo de lo que se ve en el iPhone, mejora claramente los registros de iPadOS 18 en el mismo punto del ciclo.
En el informe anterior, iPadOS 18 rondaba el 63 % en modelos recientes y aproximadamente el 53 % del conjunto de tabletas en uso. El salto de varios puntos sugiere que la transición hacia la última versión del sistema está siendo algo más fluida en el segmento del iPad.
Una explicación probable es que, en muchos hogares y oficinas de España y Europa, el iPad se emplea como dispositivo de apoyo para ocio, estudio o teletrabajo, y no tanto como herramienta única. Eso reduce el miedo a encontrarse cambios visuales o ajustes de comportamiento que puedan interferir con tareas críticas.
Las dudas iniciales y el error en las estadísticas externas
Antes de que Apple hiciera públicos sus datos, circularon varios estudios independientes que hablaban de una adopción llamativamente baja de iOS 26. Algunos de ellos llegaron a situar la cuota de esta versión en torno al 15 % de los iPhone, una cifra difícil de encajar con lo que suele ocurrir en el ecosistema de la compañía.
Con el tiempo se supo que una parte importante de esas estimaciones estaban distorsionadas por un cambio en la forma en que Safari se identifica frente a las páginas web en iOS 26. Para reforzar la privacidad y complicar las técnicas de fingerprinting, el navegador comenzó a presentarse como si estuviera ejecutándose sobre iOS 18.7, en lugar de indicar directamente que se trataba de iOS 26.
Este ajuste en el user agent de Safari hizo que servicios de analítica como StatCounter y herramientas similares atribuyeran gran parte del tráfico real de iOS 26 a iOS 18.7. El resultado fue una fotografía muy poco fiel, que dejaba la impresión de que casi nadie estaba instalando la actualización.
Una vez aclarado este punto y con las cifras oficiales en la mano, el panorama cambia bastante: iOS 26 se adopta algo más despacio que iOS 18, pero está muy lejos de los porcentajes minúsculos que se habían barajado a partir de esos informes basados en las cadenas de identificación del navegador.
La diferencia real de unos dos puntos porcentuales frente a iOS 18 no es irrelevante, aunque se mueve dentro de un margen razonable si se tiene en cuenta el contexto específico de esta versión y los cambios que introduce.
Liquid Glass y el peso del diseño en la resistencia a actualizar
Más allá de las estadísticas, uno de los grandes protagonistas de iOS 26 es Liquid Glass, el nuevo enfoque estético de la interfaz. Se trata de uno de los rediseños visuales más profundos de los últimos años, y cada vez que Apple toca de forma tan intensa la apariencia del sistema, se genera cierto choque entre los usuarios.
Desde las primeras semanas tras el lanzamiento, foros especializados y encuestas informales mostraban que un buen número de propietarios de iPhone prefería quedarse en iOS 18. La sensación de controlar al milímetro la interfaz y no tener que “aprender de nuevo” pesaba más que la curiosidad por las novedades.
Entre las quejas más habituales aparecían las reticencias a algunos efectos visuales de Liquid Glass, cambios en iconos, transparencias o animaciones que no terminan de convencer a todo el mundo. Aunque muchos de estos elementos se pueden suavizar desde los ajustes, para parte de la base instalada supone un cambio demasiado brusco.
A esto se suma el clásico temor a que, tras actualizar, el rendimiento o la batería empeoren. En España es bastante común que los usuarios esperen unas semanas o incluso meses antes de instalar una gran versión de iOS, pendientes de si surgen quejas generalizadas sobre autonomía, calentamiento o fallos con apps bancarias y de la administración pública.
Con iOS 26, ese compás de espera ha sido algo más marcado precisamente por el peso del rediseño. No obstante, a medida que se liberan versiones menores y se corrigen problemas, las reservas iniciales se van reduciendo y el porcentaje de dispositivos actualizados continúa creciendo.
Actualizaciones de seguridad y sensación de «empuje» hacia iOS 26
Otro de los puntos que ha influido en la percepción de esta versión es la forma en que Apple ha manejado la relación entre parches de seguridad y salto de versión. Con iOS 26.2, la compañía ajustó su política y, en la práctica, limitó la capacidad de seguir en iOS 18 si se querían recibir las últimas correcciones.
En la práctica, esto se tradujo en que los iPhone compatibles con iOS 26 que permanecían en iOS 18 dejaron de recibir algunos de los parches de seguridad más recientes de manera independiente. Para mantenerse protegidos frente a vulnerabilidades nuevas, la vía más directa pasaba por instalar iOS 26.
Para una parte de los usuarios, este movimiento supuso una forma de forzar la adopción de la nueva versión. Personas que preferían conservar el diseño y el comportamiento de iOS 18 se encontraron con que, si querían seguir al día en materia de seguridad, la decisión de actualizar dejaba de ser tan opcional.
Desde el punto de vista de la empresa, reducir el número de ramas activas simplifica la gestión y disminuye el tiempo durante el que ciertos fallos permanecen sin parchear. Pero, desde el lado del usuario, refuerza la sensación de que el margen para quedarse en versiones anteriores se estrecha cada vez más.
En Europa, donde las autoridades y la opinión pública son especialmente sensibles a la protección de datos y la ciberseguridad, y con Apple probando betas con foco en Europa, muchas personas terminan priorizando los parches, incluso si eso implica aceptar cambios de diseño que no les entusiasman.
Funciones aplazadas y expectativas para las próximas versiones
Junto al rediseño y las políticas de seguridad, iOS 26 ha llegado con parte de sus novedades estrella programadas para versiones posteriores. Determinadas funciones avanzadas de Siri y herramientas ligadas a la inteligencia artificial no aterrizarán del todo hasta lanzamientos como iOS 26.5.
Ese despliegue por fases ha hecho que algunos usuarios más entusiastas opten por esperar a que el sistema madure antes de subirse a la nueva versión. Si buena parte de las funciones que más interesan se concentran en futuras actualizaciones, tiene sentido que algunos prefieran aguardar a que todo esté realmente en su sitio.
En el otro extremo se sitúan quienes valoran sobre todo la estabilidad y la corrección de fallos. Este grupo suele actualizar pronto, confiando en que Apple irá puliendo los problemas que puedan aparecer en las primeras semanas, algo que se ha repetido también en el ciclo de iOS 26.
De cara a los próximos meses, gran parte de las miradas se dirigen ya a iOS 27, una versión que, según distintas filtraciones, pondría el foco en mejorar el rendimiento y el consumo de batería. Se habla de reescrituras de componentes y algoritmos más eficientes, con la idea de atacar precisamente los puntos que más dudas generan a la hora de actualizar.
Si esas mejoras se confirman, no sería extraño que la adopción de iOS 27 termine superando a la de iOS 26, apoyada en una percepción más positiva del impacto en autonomía y fluidez, tanto en España como en otros mercados europeos.
Cómo queda el ecosistema de Apple en España y Europa
Con todo lo anterior sobre la mesa, la fotografía que dejan los datos es bastante matizada. Por un lado, iOS 26 se mueve por detrás de iOS 18 en términos de ritmo de adopción, incluso contando con una ventana de medición algo más amplia. El rediseño de Liquid Glass, la exclusión de modelos veteranos y el lanzamiento escalonado de algunas funciones han añadido fricción.
Por otro, Apple sigue logrando que una parte muy alta de su parque de iPhone e iPad esté en la última versión apenas unos meses después de su estreno. En España y en otros países europeos, esto se traduce en menos problemas de compatibilidad con aplicaciones bancarias, servicios públicos o plataformas de trabajo, y en un entorno relativamente homogéneo en términos de seguridad.
Entre las dudas por el cambio estético, la cautela ante posibles impactos en rendimiento y las políticas de seguridad que empujan a actualizar, la adopción de iOS 26 avanza con más calma que otras versiones, pero sin llegar a la situación de bloqueo que algunos informes sugerían. Al final, la mayoría de los usuarios está haciendo el cambio, aunque con un punto más de prudencia y a un ritmo algo más pausado que en el ciclo de iOS 18.
