Apple compra la israelĂ­ Q.AI por 2.000 millones para impulsar su IA

  • Apple adquiere la startup israelĂ­ Q.AI por unos 2.000 millones de dĂłlares, su segunda mayor compra histĂłrica.
  • La tecnologĂ­a de Q.AI interpreta micromovimientos faciales para comunicarse con asistentes de inteligencia artificial sin hablar.
  • La operaciĂłn refuerza la estrategia de Apple para competir con Meta, Google y OpenAI en gafas y auriculares inteligentes.
  • La compañía prevĂ© integrar estas innovaciones en productos como AirPods, futuras gafas y un Siri renovado con IA generativa.

Apple compra Q.AI inteligencia artificial

La última gran apuesta de Apple en el terreno de la inteligencia artificial pasa por Israel. La compañía ha cerrado la compra de la startup Q.AI en una operación valorada en torno a 2.000 millones de dólares, una cifra que la sitúa entre las mayores adquisiciones de la historia del fabricante del iPhone y que marca un giro claro hacia interfaces más naturales y discretas con sus dispositivos.

Con este movimiento, el grupo de Cupertino refuerza su posición en una carrera por la IA en la que Meta, Google y OpenAI han tomado ventaja en los últimos años. La tecnología de Q.AI, basada en el análisis de micromovimientos faciales y señales casi imperceptibles de la piel, apunta a convertirse en una pieza relevante en futuros productos como auriculares, gafas inteligentes y un Siri profundamente renovado.

Una de las mayores compras en la historia de Apple

La adquisiciĂłn de Q.AI, adelantada por medios como Financial Times y Bloomberg, se ha cerrado por una cantidad cercana a los 2.000 millones de dĂłlares, lo que la convierte en la segunda mayor operaciĂłn corporativa de Apple desde su fundaciĂłn. Por encima solo queda la compra de Beats Electronics en 2014, que rondĂł los 3.000 millones y sirviĂł de base al posterior despegue de Apple Music.

Tradicionalmente, Apple ha evitado las adquisiciones multimillonarias, optando por integrar pequeñas empresas con tecnologías muy concretas que luego se diluyen en sus productos. Solo en contadas ocasiones ha echado mano del talonario a gran escala: la compra del negocio de módems de Intel por unos 1.000 millones de dólares en 2019, Dialog Semiconductor por 600 millones en 2018 o la israelí Anobit, especializada en memoria flash, por unos 500 millones en 2011.

En el caso de Q.AI, el salto de tamaño es evidente y confirma que se trata de un activo estratégico. Desde el entorno inversor se ha subrayado que esta operación es la segunda más grande en la trayectoria de Apple, lo que refuerza la lectura de que la compañía no ve esta compra como un simple complemento, sino como un elemento central en su apuesta por la IA aplicada al hardware.

La startup, fundada hace apenas unos años en Israel, contaba con el respaldo de inversores de primer nivel, entre ellos el brazo de capital riesgo de Google (GV, antes Google Ventures). Fuentes del sector señalan que el acuerdo implica la integración en bloque del equipo, compuesto por más de un centenar de profesionales, en las divisiones de hardware e inteligencia artificial de Apple.

TecnologĂ­a de Q.AI aplicada a productos de Apple

Quién es Q.AI y qué hace su tecnología

Q.AI es una startup israelí de deep tech que ha trabajado casi en la sombra desde 2022. Su especialidad es el desarrollo de sistemas capaces de interpretar movimientos sutiles de la piel y los músculos faciales para traducirlos en comandos, lenguaje o señales emocionales, sin necesidad de que la persona pronuncie palabra alguna en voz alta.

En la práctica, esta tecnología permitiría mantener una conversación silenciosa con un asistente de IA a través de unos auriculares o unas gafas inteligentes, algo especialmente relevante en entornos donde hablar no es cómodo o no resulta apropiado. Entre las aplicaciones potenciales se incluyen la mejora de la privacidad en espacios públicos, la accesibilidad para personas con dificultades del habla y nuevas formas de controlar dispositivos sin necesidad de pantallas táctiles o botones.

Q.AI también ha explorado el análisis de emociones y parámetros fisiológicos a partir de estos micromovimientos, lo que podría encajar con la creciente ambición de Apple en el terreno de la salud digital y el bienestar. Más allá del Apple Watch, la compañía lleva años integrando sensores y métricas relacionadas con el estado físico y, de forma incipiente, con el estado anímico de los usuarios.

Al frente de Q.AI está Aviad Maizels, conocido por ser cofundador de PrimeSense, la empresa israelí que desarrolló la tecnología que inspiró parte del sistema de reconocimiento que acabaría dando lugar a Face ID. Esa experiencia previa en visión por computador y sensores 3D encaja con la línea seguida ahora por Apple en interfaces avanzadas.

Micromovimientos faciales para hablar con la IA sin abrir la boca

Uno de los aspectos más llamativos de la tecnología de Q.AI es su foco en la comunicación no verbal. A través de sensores y cámaras integrados, por ejemplo, en unos auriculares o unas gafas, el sistema es capaz de detectar cómo se mueven la mandíbula, los labios o incluso ciertas zonas de la piel cuando la persona articula palabras o susurra.

Esta capacidad de entender susurros y movimientos casi invisibles abre la puerta a un nuevo tipo de interacción con la IA: el usuario podría “hablar con Siri” o con otro asistente simplemente moviendo ligeramente la boca, sin emitir prácticamente sonido. En un tren, en la oficina o caminando por la calle, la escena clásica de alguien dictando órdenes en voz alta a su móvil podría sustituirse por gestos discretos que solo el dispositivo es capaz de leer.

La misma tecnología permite ir un paso más allá y captar variaciones en la respiración, la tensión muscular o el ritmo cardíaco. En teoría, esto se podría traducir en sistemas capaces de ajustar la experiencia del usuario en función de su nivel de estrés, fatiga o concentración, algo que encaja tanto en usos lúdicos (videojuegos, realidad aumentada) como en entornos profesionales o sanitarios.

Para Apple, que ya ha demostrado con Face ID que es capaz de convertir una tecnología compleja en una función cotidiana, la integración de este tipo de lectura facial avanzada podría suponer un nuevo salto en la forma de usar sus dispositivos. Del mismo modo que el reconocimiento facial sustituyó al botón físico en muchos iPhone, la detección de microgestos podría reducir el protagonismo de la pantalla táctil en determinados contextos.

En declaraciones al Financial Times, Johny Srouji, vicepresidente sénior de Tecnologías de Hardware de Apple, definió a Q.AI como “una empresa extraordinaria, pionera en nuevas y creativas formas de utilizar la imagen y el aprendizaje automático”. El propio Maizels, por su parte, ha destacado que combinan aprendizaje automático avanzado con física «para construir algo verdaderamente profundo y único» y que formar parte de Apple abre “posibilidades extraordinarias” para llevar estas experiencias a millones de usuarios.

Apple Q.AI gafas y auriculares inteligentes

Gafas, AirPods y la respuesta a Meta, Google y OpenAI

La operación se enmarca en una competencia cada vez más intensa por los dispositivos portátiles conectados a la IA. Meta ha logrado cierto éxito con sus gafas Ray-Ban con cámara y asistente integrado, mientras que Google y Snap preparan el lanzamiento de nuevos modelos de gafas inteligentes que se apoyan en sus propias plataformas de inteligencia artificial.

Apple, que ya ha dado un paso importante con productos como Vision Pro en el ámbito de la realidad mixta, busca ahora reducir la distancia con sus rivales en el terreno concreto de las gafas ligeras y los auriculares inteligentes. Las patentes de Q.AI hacen referencia explícita al uso de su tecnología en estos formatos, lo que sugiere que parte del potencial de la adquisición pasa precisamente por este tipo de dispositivos.

En auriculares como los AirPods, la integraciĂłn de Q.AI podrĂ­a materializarse en funciones capaces de entender susurros, detectar comandos silenciosos o incluso adaptar el sonido en tiempo real en funciĂłn del estado del usuario. En el caso de unas futuras gafas de Apple, la posibilidad de comunicarse con la IA solo con movimientos sutiles del rostro encajarĂ­a con la idea de un dispositivo siempre presente, pero poco intrusivo.

El movimiento también debe interpretarse en clave de competencia frente a OpenAI, que el año pasado adquirió IO, la startup del exdiseñador de Apple Jony Ive, centrada en desarrollar un dispositivo compacto para interactuar con ChatGPT. La carrera ya no se limita al software y a los modelos de lenguaje, sino a la creación de gadgets físicos capaces de hacer de puente entre el usuario y la IA.

Para Europa y España, donde Apple cuenta con una base de usuarios consolidada tanto en iPhone como en AirPods y Mac, la llegada de funciones basadas en esta tecnología podría suponer una nueva oleada de renovación de dispositivos, especialmente si las mejoras se vinculan a la privacidad, la accesibilidad o la salud, factores cada vez más valorados en el mercado comunitario.

Apple, Siri y la urgencia por ponerse al dĂ­a en IA generativa

Mientras lleva a cabo esta adquisición, Apple prepara un impulso significativo a su estrategia de IA generativa. La compañía trabaja en una profunda renovación de Siri que, según ha adelantado Bloomberg, convertiría al veterano asistente en una suerte de chatbot avanzado, más en la línea de lo que ofrecen hoy ChatGPT de OpenAI o Gemini de Google.

El año pasado, Apple decidió retrasar el lanzamiento de una versión mejorada de Siri, lo que alimentó la percepción de que iba a la zaga de otros gigantes tecnológicos en este campo. La compra de Q.AI podría ser una forma de acelerar la integración de capacidades de IA más sofisticadas en su ecosistema, no solo en el plano del lenguaje, sino también en la forma en que el usuario interactúa con el sistema.

En este contexto, la combinación de un Siri más potente con una interfaz basada en micromovimientos faciales ofrece un escenario en el que el asistente deja de ser algo que se invoca puntualmente para convertirse en un acompañante constante, pero discreto, en el día a día. Para Apple, el reto será equilibrar esa presencia con los estrictos estándares de privacidad que defiende, especialmente en mercados como el europeo, donde la regulación es más exigente.

La Unión Europea, a través del Marco de IA y las normas de protección de datos, vigilará de cerca cualquier uso de tecnologías que analicen rasgos faciales, emociones o parámetros biométricos. Apple, que ha hecho de la privacidad uno de sus argumentos comerciales, previsiblemente enfatizará el procesamiento local en el dispositivo y la minimización de datos para sortear posibles recelos.

En paralelo, la operaciĂłn refuerza el papel de Israel como polo clave de innovaciĂłn en IA y sensores, un paĂ­s con el que Apple mantiene una relaciĂłn tecnolĂłgica de largo recorrido. La compra de Q.AI se suma a otras integraciones anteriores y consolida a la regiĂłn como uno de los viveros preferentes de talento para el gigante californiano.

El acuerdo entre Apple y Q.AI encaja en un momento en el que la frontera entre hardware, IA y biometría se está difuminando a gran velocidad. Desde Cupertino, la apuesta pasa por aprovechar esa convergencia para rediseñar la manera en que los usuarios interactúan con sus dispositivos, con el foco puesto en experiencias más naturales, menos visibles y, en teoría, más respetuosas con la intimidad. Para los consumidores europeos y españoles, el resultado de esta combinación se verá en los próximos años en forma de auriculares, gafas y asistentes más inteligentes que prometen entender no solo lo que decimos, sino también lo que apenas se nos escapa por un gesto.

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