
Apple se encuentra en una fase especialmente delicada de su historia reciente a cuenta de su apuesta por la inteligencia artificial generativa. Lo que debía ser el gran salto adelante de Siri y del ecosistema de la compañía ha terminado destapando carencias técnicas, tensiones internas y una pérdida de confianza que se nota tanto en los mercados como entre los usuarios, también en España y en el resto de Europa.
El proyecto Apple Intelligence, presentado como el eje de la nueva era digital de la empresa, no ha logrado cumplir las expectativas. En cuestión de semanas se han encadenado la salida de cuatro directivos de alto nivel, una caída anual del 13% en bolsa y un creciente debate sobre si Apple está quedándose atrás frente a gigantes como Microsoft, Nvidia u OpenAI en la carrera global por la IA.
Apple Intelligence, de gran promesa a foco de críticas
La plataforma Apple Intelligence nació con la idea de convertirse en la gran revolución del ecosistema Apple, integrando funciones de IA generativa en iPhone, iPad y Mac y, sobre todo, relanzando a Siri para situarla a la altura —o por encima— de otros asistentes digitales. Las expectativas eran especialmente altas en Europa, donde muchos usuarios esperaban por fin un salto cualitativo en el uso cotidiano del asistente.
Sin embargo, las pruebas internas de iOS 18.4 fueron el primer jarro de agua fría. El responsable de software, Craig Federighi, comprobó en su propio dispositivo que varias de las herramientas estrella no alcanzaban el nivel de fiabilidad y pulido que Apple acostumbra a exigir a sus productos antes de sacarlos al mercado. Ese contraste con la reputación de la marca encendió todas las alarmas.
La decepción técnica se trasladó pronto a los usuarios. En lugar de una mejora clara, muchos detectaron un comportamiento más errático de Siri, con respuestas imprecisas, fallos en los nuevos resúmenes inteligentes y un rendimiento irregular en las funciones basadas en IA. Para una compañía que se ha vendido históricamente como sinónimo de estabilidad y sencillez, el desajuste resultó especialmente llamativo.
A ello se sumó el frente legal. Diferentes colectivos impulsaron demandas colectivas por posible publicidad engañosa, alegando que las capacidades reales de Apple Intelligence quedaban lejos de lo prometido en campañas y presentaciones. La BBC llegó a presentar una queja formal tras detectar errores de bulto en resúmenes automáticos generados por la plataforma, un golpe añadido a la reputación del sistema.
En el terreno mediático, las críticas no tardaron en cobrar fuerza. Analistas como Arun Maini situaron a Apple Intelligence entre los tropiezos más sonados de la compañía, apuntando a que el proyecto podría pasar a la historia como uno de los ejemplos más claros de promesa incumplida en el catálogo de la firma de Cupertino.
Golpe bursátil y pérdida de peso frente a otros gigantes tecnológicos

El tropiezo de Apple Intelligence no se ha quedado en una cuestión de imagen o de experiencia de usuario. En los mercados financieros, el efecto ha sido inmediato: en un ejercicio en el que el sector tecnológico global continuó al alza, Apple cerró el año con una caída aproximada del 13% en el valor de sus acciones, un contraste notable con el comportamiento general del mercado.
Esa corrección bursátil ha ido de la mano de un cambio simbólico en el mapa de los grandes actores tecnológicos. Compañías como Nvidia y Microsoft han aprovechado el impulso de la inteligencia artificial para reforzar su posición y superar a Apple en capitalización de mercado, algo poco habitual tras décadas en las que la firma de Cupertino se movía cómodamente en los primeros puestos.
La WWDC 2025, la conferencia anual para desarrolladores con fuerte seguimiento también en Europa, se vivía como una oportunidad para recuperar terreno. Sin embargo, la presentación fue percibida como escasa en anuncios realmente rompedores en torno a la IA. No hubo grandes sorpresas capaces de disipar las dudas sobre Apple Intelligence, ni mensajes que calmasen a los inversores más inquietos.
El resultado fue claro: tras el evento, el valor de las acciones de la compañía sufrió un nuevo descenso cercano al 5%, alimentando la sensación de que Apple no solo había perdido el efecto “wow” de otros tiempos, sino que además estaba cediendo protagonismo en la batalla por la inteligencia artificial, también a ojos de analistas y fondos europeos.
En un contexto en el que la IA marca buena parte de la agenda tecnológica y económica, reaccionado demasiado tarde o con excesiva cautela, especialmente frente a la agresividad de sus competidores en el desarrollo y despliegue de modelos avanzados.
Cuatro directivos clave dejan Apple en plena tormenta
Mientras crecía la presión externa, la compañía se veía sacudida por un movimiento interno poco habitual: la salida casi encadenada de cuatro altos directivos con influencia directa en áreas clave para el futuro de Apple. En una empresa conocida por la estabilidad de su cúpula, la concentración de cambios ha llamado poderosamente la atención.
El primero en abandonar el barco fue John Giannandrea, máximo responsable de los proyectos de inteligencia artificial desde 2018. Su figura estaba estrechamente ligada a la estrategia que debía situar a Apple en la primera línea de la IA generativa. Sin embargo, los reiterados fallos del proyecto y la incapacidad de alcanzar los objetivos marcados acabaron erosionando la confianza dentro de la cúpula, incluido el propio Tim Cook.
El área de diseño de interfaces también se vio afectada. Alan Dye, responsable del diseño visual de los sistemas operativos de Apple durante aproximadamente una década, decidió marcharse a Meta. Bajo su mando se introdujo el polémico estilo “Liquid Glass” de iOS 26, un cambio estético que generó división de opiniones entre usuarios avanzados y desarrolladores. Su salida se ha vinculado tanto a esas críticas como a la percepción de que Apple no había sabido integrar de forma convincente las nuevas capacidades de IA en la experiencia de uso.
En paralelo, Lisa Jackson, vicepresidenta de medio ambiente y políticas sociales, comunicó su retirada para comienzos de 2026 tras diez años en la compañía. Aunque su marcha se enmarca en un contexto cercano a la jubilación, el momento no deja de ser sensible, ya que la cuestión climática y la regulación en materia de sostenibilidad tienen un peso creciente en la agenda pública, especialmente en la Unión Europea, donde Apple mantiene una presencia relevante.
La cuarta salida destacada es la de Kate Adams, consejera general de la empresa desde 2017. Ha anunciado que se retirará a finales de 2026 y que será reemplazada por Jennifer Newstead, procedente de Meta, que asumirá la vicepresidencia sénior de Asuntos Legales y Gubernamentales a partir de marzo de 2026. Este relevo llega en plena etapa de escrutinio regulatorio sobre la inteligencia artificial, la privacidad y la competencia, ámbitos en los que Bruselas está especialmente activa.
En conjunto, esta rotación concentrada de cargos de alto nivel refuerza la idea de que Apple atraviesa una fase de reordenación profunda, influida tanto por el tropiezo de Apple Intelligence como por un cambio generacional en parte de su estructura ejecutiva.
Fuga de talento, presión competitiva y reorganización interna
Más allá del nivel directivo, el caso Apple Intelligence ha puesto sobre la mesa un problema de fondo: la pérdida sostenida de talento especializado en inteligencia artificial y campos afines. En los últimos meses, varios ingenieros clave han decidido dar el salto a competidores que, sobre el papel, se mueven con mayor agilidad en el terreno de la IA generativa.
Entre los nombres que han cambiado de rumbo destacan Ruoming Pang, Tom Gunter y Frank Chu, que han recalado en Meta atraídos por paquetes retributivos más agresivos y por la sensación de estar en el centro de los desarrollos más punteros del sector. A ellos se suma Jian Zhang, que lideraba un equipo focalizado en robótica con inteligencia artificial y que también ha dejado la compañía.
OpenAI, otro de los grandes actores de este nuevo escenario, ha captado igualmente perfiles vinculados al diseño de hardware y a la integración entre chips e IA, un ámbito en el que Apple había intentado diferenciarse con sus procesadores propios y su estrategia de control vertical sobre el hardware. Esta pérdida de especialistas complica el objetivo de mantener una ventaja clara en rendimiento y eficiencia.
Al mismo tiempo, figuras veteranas como Jeff Williams o Luca Maestri han iniciado procesos de retirada o de transición hacia funciones de menor exposición pública, lo que alimenta la percepción de un ciclo de renovación en la estructura de mando de la compañía. Aunque no todas estas salidas están directamente relacionadas con Apple Intelligence, el contexto común apunta a una etapa de cambios intensos.
Ante este panorama, Apple ha puesto en marcha un plan específico de refuerzo del reclutamiento y de la retención de talento. El departamento de recursos humanos ha recibido instrucciones para mejorar las condiciones de los perfiles más críticos y para lanzar campañas de captación de nuevos especialistas, tanto en Estados Unidos como en Europa, donde el mercado de ingenieros de IA es cada vez más disputado.
Un punto de inflexión en la estrategia de inteligencia artificial de Apple
El balance de este último periodo deja claro que el tropiezo de Apple Intelligence va mucho más allá de un lanzamiento desafortunado. Se ha convertido en un catalizador de tensiones internas, dudas externas e inestabilidad bursátil, obligando a la empresa a revisar su hoja de ruta en inteligencia artificial y a replantear su manera de competir en un sector que avanza a gran velocidad.
Para el mercado europeo, donde la regulación sobre datos, transparencia algorítmica y uso ético de la IA es cada vez más estricta, Apple se ve forzada a encontrar un equilibrio difícil: mantener su discurso de privacidad y control sobre la experiencia de usuario, al mismo tiempo que ofrece capacidades de IA comparables a las de rivales que operan con modelos de datos más abiertos y agresivos.
Los próximos años serán decisivos para comprobar si la compañía logra reconducir Apple Intelligence hacia una versión más madura, fiable y alineada con las exigencias regulatorias de la Unión Europea, capaz de recuperar la confianza de usuarios, desarrolladores e inversores en mercados como España, Alemania o Francia.
Todo apunta a que Apple atraviesa una etapa de transición compleja en la que tendrá que demostrar que puede reformular su apuesta por la inteligencia artificial sin renunciar a los rasgos que la han definido durante décadas, mientras gestiona la salida de directivos clave, la fuga de talento hacia competidores y la presión constante de unos mercados que ya no dan por hecho que seguirá liderando la próxima gran ola tecnológica.