El estreno del casco de realidad mixta de Apple no está saliendo como se esperaba. Lejos de convertirse en el nuevo producto estrella de la compañÃa, el Vision Pro atraviesa un momento delicado, con ventas modestas, recortes de producción y una presencia cada vez menor en campañas de marketing a nivel internacional.
Informes de firmas como IDC, Counterpoint Research y Sensor Tower pintan un cuadro bastante coincidente: el dispositivo vende muy poco para los estándares de Apple, el mercado de la realidad virtual y mixta se enfrÃa y, mientras tanto, la empresa reorienta recursos hacia otros frentes como la inteligencia artificial y un posible modelo más asequible de su visor.
Un lanzamiento que no despega
Apple nunca ha comunicado cifras oficiales de ventas del casco, pero las consultoras especializadas aportan estimaciones bastante alineadas. Según datos de IDC, en 2024 se habrÃan enviado en torno a 390.000 unidades de Vision Pro, una cifra modesta si se compara con los millones de iPhone, iPad o Mac que la compañÃa coloca en el mercado cada trimestre.
Lo más llamativo llega con las previsiones para el tramo final de 2025. Para el cuarto trimestre, el que coincide con la campaña navideña y con la disponibilidad del modelo con chip M5, IDC calcula solo unas 45.000 unidades adicionales. Para una empresa acostumbrada a convertir casi todo lo que lanza en un superventas global, este volumen se queda en algo casi anecdótico.
La situación ha llevado a Apple a ajustar el ritmo. Fuentes del sector señalan que el fabricante chino Luxshare, socio clave en la cadena de suministro, habrÃa detenido o desmantelado lÃneas de producción del visor a comienzos de 2025. Paralelamente, la compañÃa no ha ampliado de forma significativa el número de paÃses en los que se vende oficialmente el dispositivo, que seguirÃa limitado a un grupo reducido de mercados, sin apenas presencia en España ni en buena parte de Europa.
Esta combinación de envÃos bajos, producción contenida y distribución limitada refuerza la idea de que Vision Pro se ha quedado muy lejos de la adopción masiva que muchos anticipaban cuando se presentó como la gran apuesta de computación espacial de la marca.
Recortes drásticos en marketing y visibilidad
Otro indicador de que el visor no está cumpliendo las expectativas es el cambio de tono en la comunicación. Datos de Sensor Tower apuntan a que Apple habrÃa recortado más del 95% de su inversión en publicidad digital de Vision Pro en mercados clave como Estados Unidos y Reino Unido durante el último año.
Donde antes abundaban anuncios, demostraciones y campañas aspiracionales, ahora la presencia del producto es mucho más discreta. Este repliegue contrasta con la estrategia empleada históricamente con otros lanzamientos de la casa, como el iPhone o el Apple Watch, que se apoyaron en una potente maquinaria de marketing global para acelerar su adopción.
En Europa la situación es aún más frÃa. Con el visor disponible solo en un puñado de paÃses y prácticamente sin campañas visibles en medios generalistas, el producto ha quedado relegado a un nicho de entusiastas y profesionales muy concretos. Para el usuario medio español, Vision Pro sigue siendo más un concepto lejano que un dispositivo real que pueda ver y probar en tienda.
Este parón publicitario no implica necesariamente que Apple renuncie al proyecto, pero sà refleja que la compañÃa está reevaluando la forma de posicionar el casco y hasta qué punto tiene sentido seguir empujando un producto que, por ahora, genera poco retorno.
Precio desorbitado, pocas apps y uso incómodo
Las causas del flojo rendimiento comercial del visor apuntan a varios frentes. Analistas consultados por medios como el Financial Times o The Guardian coinciden en que precio, factor de forma y falta de aplicaciones verdaderamente nativas son los tres grandes frenos para que el Vision Pro haya podido convertirse en un producto de masas.
En primer lugar, el coste. Con un precio de partida en torno a los 3.499 dólares y configuraciones que se acercan a los 5.000, el dispositivo se sitúa muy por encima de lo que la mayorÃa de consumidores está dispuesta a pagar, tanto en Estados Unidos como, hipotéticamente, en mercados europeos donde habrÃa que sumar impuestos y posibles recargos.
A este importe se le suman cuestiones prácticas. Usuarios y primeras reseñas han señalado que, pese a la calidad de imagen y la tecnologÃa incorporada, el visor resulta pesado e incómodo en sesiones largas. El diseño original de la diadema, la distribución del peso y una autonomÃa de baterÃa limitada han hecho que muchos compradores reduzcan su uso tras el entusiasmo inicial.
El tercer gran obstáculo es el ecosistema de software. Aunque Apple afirma contar con varios miles de aplicaciones preparadas para visionOS, los analistas subrayan que faltan apps nativas verdaderamente diferenciadoras, sobre todo si se compara con el despliegue de App Store en los primeros años del iPhone. Sin un catálogo sólido de juegos, herramientas creativas y experiencias exclusivas, cuesta justificar el desembolso frente a alternativas más baratas.
Incluso la integración con servicios de la propia Apple, como Siri, se percibe todavÃa verde. La interacción por voz no alcanza el nivel de fluidez que cabrÃa esperar de un producto tan caro y tan vinculado a la idea de futuro digital, lo que añade una capa más de frustración a quienes esperaban una experiencia perfectamente pulida desde el primer dÃa.
Un mercado de realidad virtual a la baja
El tropiezo del Vision Pro no se produce en el vacÃo. Las cifras del sector apuntan a que el mercado global de cascos de realidad virtual y mixta atraviesa una fase de contracción. De acuerdo con Counterpoint Research, los envÃos de este tipo de dispositivos cayeron alrededor de un 14% en el último año.
Ni siquiera Meta, que domina cerca del 80% de las ventas con su familia de visores Quest, se libra de la desaceleración. Aunque sus cascos son bastante más económicos que el de Apple y ofrecen una experiencia más que suficiente para juegos y entretenimiento, también han afrontado recortes de marketing y una adopción más lenta de lo que se proyectaba hace una década, cuando la realidad virtual parecÃa destinada a revolucionarlo todo.
En este contexto, el Vision Pro llega a un mercado que ya venÃa mostrando sÃntomas de fatiga, con un público general algo escéptico y desarrolladores prudentes a la hora de invertir grandes recursos en experiencias que, por ahora, alcanzan a una base de usuarios limitada.
La situación recuerda en parte a otros intentos de categorÃas emergentes que, tras un fuerte pico de expectativas, se encontraron con la realidad de un uso cotidiano menos masivo de lo que pronosticaban las presentaciones. Para Apple, que suele entrar en un segmento cuando percibe madurez suficiente para escalarlo, este enfriamiento añade complejidad a su apuesta por la computación espacial.
Actualizaciones de hardware y modelo M5: mejoras sin efecto en ventas
En otoño de 2025, Apple introdujo una revisión del casco con un nuevo chip M5 y mejoras en autonomÃa y ergonomÃa.
El modelo renovado incorporaba un procesador más potente, capaz de manejar con mayor soltura las tareas de realidad mixta más exigentes, y un rediseño de la banda de sujeción para repartir mejor el peso y reducir molestias en sesiones prolongadas. También se prometÃan mejoras en el rendimiento energético, con la idea de prolongar el tiempo de uso sin depender tanto del cable.
Empresas que han probado este modelo en entornos profesionales, como simulaciones, formación de pilotos o procedimientos médicos, señalan que el salto técnico facilita experiencias más fluidas y precisas. En ese tipo de escenarios muy concretos, donde el retorno de inversión es más fácil de justificar, el producto demuestra su potencial.
Sin embargo, los informes disponibles coinciden en que estas mejoras no se han traducido en un repunte claro de las ventas. Las estimaciones para el trimestre navideño de 2025, con solo 45.000 unidades previstas, muestran que ni la revisión de hardware ni el ajuste fino del diseño han sido suficientes para cambiar la tendencia.
Desde medios especializados se apunta a que, mientras Apple afina el producto, el Vision Pro sigue encajando más como un dispositivo casi experimental para un público reducido que como un gadget de uso diario para el gran consumidor, especialmente en un entorno europeo donde el precio final serÃa aún más elevado.
Uso profesional y limitaciones en la empresa
A pesar del escaso tirón entre el gran público, el visor de Apple sà ha encontrado un cierto encaje en nichos empresariales y profesionales. Sectores como la formación avanzada, la medicina, la ingenierÃa o el diseño 3D han empezado a experimentar con el dispositivo para tareas de entrenamiento, visualización de prototipos o planificación de procedimientos complejos.
En este tipo de usos, el coste puede quedar más justificado si las ganancias de eficiencia o precisión son medibles. Informes recogidos por firmas de análisis recogen casos de compañÃas que han logrado reducir tiempos de formación o mejorar la comprensión de estructuras tridimensionales gracias a la inmersión que ofrece la realidad mixta.
Apple, consciente de que el usuario general no está respondiendo como esperaba, ha reforzado su presencia en demostraciones a empresas, colaboraciones con desarrolladores especializados y presentaciones enfocadas a este entorno más profesional. Es una manera de mantener vivo el proyecto mientras se decide qué rumbo tomar con las siguientes generaciones.
Aun asÃ, el segmento corporativo sigue representando una fracción muy pequeña del potencial total que Apple soñaba para Vision Pro. Y aunque en Europa existen grandes grupos industriales y sanitarios interesados en la realidad mixta, la distribución limitada del visor, sumada a su elevado precio por unidad, complica que se convierta en un estándar de facto a corto plazo.
Plan B: modelo más barato y giro hacia la inteligencia artificial
Con el primer intento de visor premium vendiéndose muy por debajo de lo esperado, todo apunta a que en Cupertino se está trabajando ya en una estrategia de segunda oportunidad. Diversas fuentes del sector dan por hecho que Apple prepara una versión más asequible de su casco, con especificaciones recortadas y componentes más baratos, orientada al mercado de consumo.
El objetivo serÃa poner en circulación un producto más ligero, cómodo y, sobre todo, con un precio mucho más competitivo frente a rivales como Meta Quest. Esta hipotética nueva versión, prevista para 2026 según algunas filtraciones, servirÃa para ampliar la base de usuarios y hacer más atractivo el desarrollo de aplicaciones y juegos, especialmente en regiones como Europa donde el poder adquisitivo es muy diverso.
En paralelo, los inversores miran cada vez más hacia el papel de la Apple Intelligence dentro del ecosistema de Apple. Una de las grandes apuestas de la compañÃa pasa por una renovación profunda de Siri y la integración de capacidades de IA generativa en sus dispositivos, con un calendario que apunta a 2026 para ver cambios de calado.
Esta combinación de un visor potencialmente más accesible y una capa de inteligencia artificial más avanzada podrÃa redefinir el sentido de los dispositivos espaciales. En lugar de limitarse a ser una pantalla cara en la cara, el casco podrÃa convertirse en una herramienta más integrada con el dÃa a dÃa digital, algo que hoy por hoy todavÃa está lejos de ocurrir.
Mientras tanto, dentro de la propia Apple parece haber un cierto debate interno sobre cómo encaja Vision Pro en el conjunto de su catálogo. Tim Cook ha defendido públicamente el producto como una apuesta pionera para quienes quieren acceder a la tecnologÃa del mañana hoy, pero la compañÃa también es consciente de que no puede mantener indefinidamente en catálogo un dispositivo con tan poco tirón comercial.
Con todas estas piezas sobre la mesa, el panorama que se dibuja es el de un Vision Pro que, al menos en su primera encarnación, se queda muy corto frente a las expectativas generadas: ventas discretas, presencia limitada en Europa, poco interés del gran público y un mercado de realidad virtual en retroceso. Apple, sin embargo, aún dispone de margen para reconducir la jugada con un modelo más barato, más cómodo y mejor apoyado en la inteligencia artificial, siempre que consiga convencer tanto a desarrolladores como a usuarios de que, esta vez sÃ, merece la pena ponerse el casco.