Cada año por estas fechas, el runrún sobre el nuevo teléfono de la manzana muerde con más fuerza, y esta vez no es para menos. Aunque todavía falta para que lo veamos en las estanterías, las filtraciones sobre el precio de lanzamiento del iPhone 18 Pro están echando humo en los foros y redes sociales de medio mundo. Parece que este año la cosa no va solo de si la pantalla brilla más o si el procesador vuela, sino de cuánto nos va a tocar rascarnos el bolsillo para hacernos con uno.
La situación se ha puesto un poco cuesta arriba para los de Cupertino, que ya no pueden estirar más el chicle de los costes internos sin que afecte a sus cuentas. La propia dirección de la compañía ha dejado caer que las subidas de precios son inevitables debido a la presión asfixiante que están sufriendo con los proveedores globales. No es un capricho de la marca, sino una consecuencia directa de un mercado de componentes que está por las nubes y que afecta a todo tipo de dispositivos electrónicos de consumo.
El coste de los materiales dispara la factura final
La madre del cordero de esta subida está en las tripas del dispositivo, concretamente en la memoria RAM que da vida al sistema. Según diversos informes técnicos contrastados, el fabricante ha pasado de pagar unos 39 dólares por los módulos del modelo anterior a desembolsar cerca de 145 dólares por la nueva DRAM LPDDR6, lo que plantea un gran desafío de su memoria RAM. Este incremento supone un hachazo considerable a los márgenes de beneficio, lo que obliga a trasladar parte de ese sobrecoste al cliente final para mantener la viabilidad del producto.
Pero no solo de memorias vive el smartphone; el sistema de cámaras también tiene su parte de responsabilidad en este entuerto. El nuevo conjunto óptico, que promete un rendimiento profesional con apertura variable superior, es un 50 % más caro de producir que el de la generación previa. Con este panorama, los analistas coinciden en que fabricar cada unidad del modelo Pro sale aproximadamente un 25 % más caro que antes, lo que deja poco margen de maniobra para mantener las tarifas de antaño.
¿Qué precios veremos en las tiendas de España?
Si echamos un ojo a lo que se comenta para nuestro territorio, la noticia no es precisamente para tirar cohetes. Se especula con que el iPhone 18 Pro podría arrancar en los 1.500 euros en España, una cifra que asusta a más de uno. Para el modelo Pro Max, la barrera se situaría todavía más arriba, llegando a rozar los 1.700 euros en su versión más sencilla. Estas cifras responden a la conversión habitual que realiza la marca, integrando el IVA y los ajustes por la fluctuación de la moneda europea.
La estrategia de comercialización también parece que va a dar un giro de tuerca para este ciclo de lanzamientos. Todo apunta a que en septiembre solo veremos las versiones Pro y Pro Max, dejando el modelo estándar para meses después. Esta maniobra busca priorizar los terminales de gama alta, que son los que realmente sostienen el negocio en un mercado saturado. De este modo, los usuarios que quieran lo último de lo último tendrán que pasar por caja para adquirir los terminales más potentes y costosos desde el primer día.
A pesar de que la firma siempre intenta jugar sus cartas con el volumen de compra para presionar a los fabricantes de piezas, esta vez la escalada de costes parece haberle ganado el pulso a la logística de Cupertino. Los usuarios españoles tendrán que sopesar si las innovaciones tecnológicas y el renovado apartado fotográfico justifican un desembolso que marca un máximo histórico en la telefonía móvil de la marca. Queda por ver cómo reacciona el gran público ante unos precios que alejan cada vez más estos dispositivos del ciudadano medio.


