El iPhone 17 Pro Max captura la cara oculta de la Luna desde la Artemis II

  • Un iPhone 17 Pro Max ha fotografiado el cráter Chebyshev en la cara oculta de la Luna durante la misión Artemis II.
  • La imagen se tomó desde la nave Orion, en microgravedad, con zoom x8 y sin trípode, tras apagar todas las luces de cabina.
  • La NASA lleva cuatro iPhone 17 Pro Max en la misión, junto a cámaras profesionales Nikon y GoPro, como parte de un protocolo de homologación muy estricto.
  • El uso de un móvil de consumo en una misión lunar tripulada abre un nuevo capítulo para la fotografía espacial y la divulgación científica.

iPhone 17 Pro Max fotografia la cara oculta de la Luna

La escena tuvo lugar en plena aproximación a la Luna: el comandante Reid Wiseman se apartó del directo de la NASA, levantó su iPhone 17 Pro Max frente a la ventana de la nave Orion y mostró una fotografía del cráter Chebyshev tomada desde la propia misión Artemis II. Una imagen que, en cuestión de minutos, empezó a circular por todo el mundo.

Más allá del impacto visual, lo llamativo es el contexto en el que se obtuvo la fotografía: un teléfono de consumo, flotando en microgravedad, sin trípode, a más de 400.000 kilómetros de la Tierra y apuntando hacia la cara oculta de la Luna, una región completamente invisible desde nuestro planeta y accesible solo para las misiones espaciales.

Cómo se consiguió la foto del cráter Chebyshev con un iPhone

La imagen que ha dado la vuelta al mundo muestra el cráter Chebyshev, un accidente geológico de unos 179 kilómetros de diámetro, citado desde hace décadas en los mapas lunares como una referencia clave. Está situado en el hemisferio oculto del satélite, de modo que solo puede observarse desde una nave que haya rodeado la Luna, como ha hecho ahora la Artemis II.

Para poder tomar la fotografía, la tripulación de la Orion decidió apagar por completo las luces de la cabina. El objetivo era eliminar cualquier reflejo en los cristales y permitir que el sensor del iPhone 17 Pro Max captara la superficie lunar con el mayor detalle posible, sin brillos indeseados ni fuentes de luz internas que arruinaran el encuadre.

Con la nave a oscuras, Reid Wiseman se colocó junto a la ventana, sujetó el teléfono con las manos en plena microgravedad y utilizó el nuevo zoom x8 del modelo Pro Max. Sin trípode ni soporte, y con el cuerpo literalmente flotando, encuadró el cráter y disparó la cámara del móvil, confiando en la estabilización y en el procesado de imagen del dispositivo.

El resultado fue una fotografía nítida y detallada del cráter Chebyshev, con un contraste muy marcado entre la zona iluminada y las sombras del relieve lunar. Durante la retransmisión, el propio Control de Misión de la NASA identificó el cráter en directo, confirmando la localización exacta y subrayando el valor de la captura como documento visual de la cara oculta.

La agencia espacial ha explicado que la tripulación está enviando las imágenes del sobrevuelo lunar a la Tierra de manera progresiva. La versión en máxima resolución de la foto de Wiseman todavía no se había publicado en canales oficiales en el momento en que se difundieron los primeros fotogramas, pero se espera que, una vez disponible, permita analizar con más detalle hasta dónde llega la capacidad del zoom x8 del iPhone en un entorno extremo como este.

El debut del iPhone 17 Pro Max en una misión lunar tripulada

La Artemis II se ha convertido en la primera misión lunar tripulada de la NASA que incorpora teléfonos de última generación como parte de su equipo fotográfico. A bordo viajan cuatro unidades de iPhone 17 Pro Max, que conviven con cámaras profesionales Nikon (entre ellas modelos D5 y Z 9 mencionados por la agencia) y varias GoPro orientadas a capturar vídeo de acción en distintos puntos de la nave.

El uso de smartphones comerciales no es habitual en este tipo de misiones, en parte por los estrictos requisitos de seguridad que impone la NASA. Para que el iPhone 17 Pro Max pudiera viajar con la tripulación, el dispositivo tuvo que someterse a un proceso de homologación en cuatro fases, según explicó el investigador Tobias Niedervieser, de BioServe Space Technologies.

Ese protocolo incluyó la evaluación por un comité de seguridad, un análisis detallado de los posibles riesgos que podría suponer el teléfono para el vuelo, el diseño de medidas de mitigación y una batería de pruebas técnicas para comprobar su comportamiento en las condiciones del espacio. Solo después de superar todos estos pasos, el móvil fue autorizado para formar parte del equipamiento de la misión.

Por razones de seguridad, los iPhone a bordo operan con restricciones importantes: sin conexión a Internet ni Bluetooth y con un uso muy controlado, limitado en esencia a la captura de fotos y vídeos y a aplicaciones específicamente aprobadas por la NASA. La agencia buscaba así aprovechar la tecnología de consumo sin introducir elementos que pudieran interferir con los sistemas de la nave.

El administrador de la NASA, Jared Isaacman, adelantó meses antes que su intención era dotar a las misiones Crew-12 y Artemis II de dispositivos modernos que permitieran a los astronautas documentar su experiencia y generar contenido divulgativo. A la vez, subrayó que la homologación de este tipo de hardware se ha hecho en tiempo récord, dada la complejidad de certificar un móvil comercial para un uso prolongado en órbita y en un entorno lunar.

Un móvil pensado para resistir… también en el espacio

Entre los factores que han jugado a favor del iPhone 17 Pro Max está su propio diseño. El terminal cuenta con protección Ceramic Shield 2 en ambas caras, un cristal reforzado que Apple presentó como uno de los más resistentes del mercado móvil. En un contexto en el que los dispositivos están expuestos a golpes, cambios bruscos de temperatura y manejo constante en microgravedad, la robustez del chasis no es un detalle menor.

Durante la cobertura de la misión, el periodista especializado Owen Sparks difundió fragmentos de la transmisión oficial en los que se ve a un astronauta guardando el iPhone 17 Pro Max en un bolsillo de la pierna poco antes del despegue. En otros vídeos, ya en órbita, se aprecia cómo la tripulación se va pasando el móvil en plena gravedad cero para grabar momentos cotidianos del viaje.

La combinación de cámaras profesionales y teléfonos de consumo permite a la NASA disponer de dos tipos de material complementario: por un lado, imágenes científicas de alta precisión, tomadas con lentes y sensores dedicados; por otro, escenas más espontáneas y cercanas, capturadas por los astronautas con un dispositivo similar al que muchas personas llevan en el bolsillo a diario.

Otro aspecto llamativo es que, según información recogida por medios como The New York Times, Apple no participó directamente en los trámites de certificación ante la NASA. Aun así, la compañía ha destacado públicamente que uno de sus teléfonos haya logrado cumplir, por sí solo, con los exigentes requisitos necesarios para operar en una misión de larga duración fuera de la órbita terrestre.

En Europa, donde el seguimiento de la exploración lunar suele tener una gran repercusión mediática, la presencia de un dispositivo familiar para el gran público en una misión así refuerza la sensación de proximidad con un programa espacial que, en muchas ocasiones, se percibe como algo lejano o reservado a equipos muy especializados.

Fotografía espacial con un dispositivo cotidiano

La foto de Chebyshev tomada con el iPhone 17 Pro Max se suma a un álbum más amplio que está construyendo Artemis II. Además de esta captura, la tripulación ha registrado otras escenas relevantes de la cara oculta y de la órbita lunar, entre ellas una nueva versión del fenómeno conocido como “Earthrise” o salida de la Tierra, que recuerda a la icónica imagen de Apolo 8 en 1968.

Aquel Earthrise histórico se obtuvo con una cámara Hasselblad y película de carrete a color, después de una maniobra muy concreta de rotación de la nave y con la dificultad añadida de que el material fotográfico tuvo que regresar a la Tierra para ser revelado. Hoy, en cambio, la Artemis II puede transmitir digitalmente buena parte de sus imágenes casi en tiempo real, lo que marca una diferencia enorme en términos de divulgación y análisis científico.

El nuevo Earthrise captado por la misión actual muestra, según ha descrito la NASA, el contraste entre la franja nocturna del planeta y el hemisferio iluminado, donde se aprecian formaciones nubosas sobre Australia y Oceanía. Aunque la protagonista mediática ha sido la foto tomada con el iPhone, el conjunto de imágenes de la misión proporciona a la comunidad científica europea y mundial una base de trabajo muy valiosa.

Además de la salida de la Tierra, la tripulación ha fotografiado el Mare Orientale, una estructura de anillos concéntricos en la superficie lunar que ayuda a los investigadores a estudiar cómo los grandes impactos moldean la corteza de los planetas y satélites. Este tipo de datos visuales, correctamente georreferenciados, resultan especialmente útiles para los equipos que, desde centros de control en Europa y Estados Unidos, preparan futuras misiones robóticas y tripuladas.

En paralelo, la NASA ha empezado a publicar parte de este material en su cuenta oficial de Flickr y en otros repositorios abiertos. En el momento en que se dio a conocer la fotografía del cráter Chebyshev hecha con el iPhone, la versión en resolución completa aún no figuraba en estos catálogos, pero sí otras tomas obtenidas con las Nikon y las GoPro a bordo de la Orion.

Para el público general, especialmente en países europeos donde el uso del iPhone está muy extendido, resulta especialmente llamativo comprobar que un móvil similar al que se utiliza a diario ha sido capaz de registrar con claridad un cráter en la cara oculta de la Luna, en condiciones que hace tan solo unos años se habrían asociado exclusivamente a cámaras científicas de alto coste.

Este hito no sustituye la labor de los equipos fotográficos profesionales, pero sí demuestra que la frontera entre la tecnología de consumo y la instrumentación espacial se está estrechando, abriendo la puerta a nuevas formas de documentar misiones y de acercar la exploración lunar a la ciudadanía europea y de todo el mundo.

Lo ocurrido con la fotografía del cráter Chebyshev ilustra hasta qué punto la combinación de una misión lunar de nueva generación y un teléfono avanzado puede cambiar la forma en que vemos el espacio: una tripulación que rodea la Luna, una cabina totalmente a oscuras, un móvil flotando en microgravedad y una imagen de la cara oculta que, aun tomada con un dispositivo cotidiano, ya forma parte de la historia reciente de la exploración espacial.

NASA lleva iPhone 17 Pro a la Luna con Artemis II
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