La crisis mundial de memoria RAM y almacenamiento empieza a pasar factura a los planes de Apple para el Mac, y el gran damnificado apunta a ser el esperado MacBook Pro con pantalla táctil. Lo que hace solo unos meses se manejaba como un lanzamiento ambicioso a medio plazo, ahora se perfila como un proyecto que tendrá que esperar más de lo previsto.
Fuentes habituales en el ecosistema de rumores de Apple, como Mark Gurman (Bloomberg) y medios especializados, coinciden en que la compañía se ha visto forzada a reordenar todo su calendario de Macs. Entre los equipos más afectados está el MacBook Pro de nueva generación con panel OLED táctil y chip M6, cuyo estreno se descolgaría hasta comienzos de 2027 por culpa de la escasez de memoria.
Un MacBook Pro táctil que se escapa hasta 2027

La gran novedad de la gama profesional de portátiles de Apple iba a ser un MacBook Pro con pantalla OLED y capacidades táctiles, acompañado de los procesadores M6 Pro y M6 Max. Internamente, en Cupertino se manejaba un margen de lanzamiento entre finales de 2026 y los primeros compases de 2027, pero las últimas informaciones apuntan a que el proyecto se desliza con claridad hacia la parte final de esa ventana.
En la práctica, eso significa que las posibilidades de verlo este año se han reducido al mínimo. Fuentes cercanas a los planes de Apple señalan que la compañía ya asume que es más realista colocarlo en los primeros meses de 2027, probablemente hacia finales de enero, cuando la cadena de suministro de memoria esté algo más estabilizada.
Este cambio no se debe a problemas de diseño ni de software, sino a un factor mucho más prosaico: no hay memoria suficiente a un precio razonable para lanzar en masa un portátil de este nivel sin disparar el coste o quedarse sin stock. El salto a panel OLED táctil y a una nueva generación de chips hace que el equipo dependa todavía más de componentes avanzados, justo los que ahora mismo están más tensionados.
Apple, que suele mantener márgenes de beneficio en torno al 40%, se enfrenta al dilema de absorber el sobrecoste de la RAM y el almacenamiento o repercutirlo al usuario. Por ahora, la estrategia pasa por aguantar el tipo con los modelos actuales y retrasar los lanzamientos más exigentes, como este MacBook Pro táctil, antes que presentar un producto notablemente más caro o con disponibilidad muy limitada.
La crisis de la RAM: la IA acapara los chips y deja a los portátiles en segundo plano

El problema de fondo no es exclusivo de Apple. La escasez de memoria RAM y de chips de almacenamiento SSD se ha convertido en uno de los grandes cuellos de botella de toda la industria tecnológica. Y el motivo principal está bastante claro: la fiebre por la inteligencia artificial.
Los grandes centros de datos, las nubes públicas y las empresas que entrenan modelos de IA a gran escala están comprando DRAM y NAND en volúmenes descomunales. Esa demanda supera con creces las previsiones habituales y deja menos margen para dispositivos de consumo como portátiles, consolas o móviles. Las fábricas no dan abasto, y el resultado es un mercado en el que hay pocas unidades y a precios cada vez más altos.
Este escenario ya se nota en el consumidor europeo: suben los precios de hardware suelto y se encarecen algunos dispositivos. Consolas como la PS5 o ciertos teléfonos han ajustado sus tarifas al alza, y otros fabricantes han optado por lanzar menos modelos o espaciar más las renovaciones. Apple, de momento, está intentando evitar una subida directa de precios en Macs clave, a costa de asumir parte del golpe en su margen.
En paralelo, las noticias sobre equipos y chips diseñados específicamente para IA aportan algo de esperanza, porque a medio plazo podrían aliviar parte de esa presión al segmentar mejor la producción. Pero de momento el efecto es el contrario: los servidores para IA se llevan la mejor parte del pastel, y productos como el MacBook Pro táctil se quedan en la cola.
Otros Macs afectados: Mac Studio, Mac mini y la reorganización del calendario
El caso del MacBook Pro con pantalla táctil no es aislado. La misma crisis de memorias está arrastrando a otros equipos clave del catálogo Mac, muy especialmente en sobremesa. El Mac Studio y el Mac mini, dos de los ordenadores más valorados por quienes trabajan con modelos de IA locales o tareas profesionales pesadas, también sufren el impacto.
En Europa ya se percibe que las existencias de ciertos Mac se agotan con rapidez y los plazos de entrega se estiran hasta un mes en algunos distribuidores. Eso suele ser el preludio de una renovación cercana, pero esta vez los planes parecen torcerse: los nuevos Mac Studio, que se esperaban para mediados de este año con chips M5 más potentes, ahora se apuntan a octubre como pronto.
El caso del Mac mini no es muy diferente. Ambos equipos se han convertido en máquinas casi ideales para IA en local, edición de vídeo o proyectos 3D, precisamente por su combinación de potencia y consumo relativamente contenido. La paradoja es que esa misma IA que los hace tan atractivos es la que está tensando la oferta de memoria que necesitan para fabricarse en volumen.
De cara al usuario europeo, el mensaje implícito es claro: quien necesite renovar máquina profesional este año puede encontrarse con menos opciones o con ciclos raros. Apple estaría optando por alargar la vida de la generación actual y concentrar su inventario en gamas de entrada (como el MacBook Neo o los MacBook Pro M5 Pro y M5 Max) mientras se resuelven los problemas de suministro.
Un MacBook Pro táctil… que muchos usuarios ni siquiera quieren
Más allá del retraso, el proyecto del MacBook Pro OLED con pantalla táctil genera un debate encendido entre la comunidad de usuarios de Mac. En foros como Reddit y en comentarios de medios especializados abundan las voces escépticas que cuestionan la utilidad real de llevar el tacto a un portátil tradicional.
Varios usuarios sostienen que el trackpad y el teclado actuales ya cubren casi todas las necesidades para las que está pensado macOS. Para muchos, una pantalla táctil en un Mac «resuelve un problema que no existe» y añade complejidad innecesaria, sobre todo si implica cambios profundos en la interfaz que puedan afectar a quienes usan modelos sin táctil.
Otro de los recelos habituales es que, si Apple adapta macOS a la entrada táctil, se acabe priorizando el uso con los dedos frente al ratón o el trackpad, con botones más grandes, menús reordenados y gestos distintos. Parte de la base de usuarios teme una especie de «híbrido raro» entre iPad y Mac que comprometa la experiencia de escritorio clásica.
Las filtraciones, sin embargo, apuntan a que Apple iría por una vía mucho más conservadora: añadir funciones táctiles como capa extra, sin alterar el flujo de trabajo tradicional. Controles de menú algo más generosos, botones que se expanden al tocarlos y atajos rápidos serían los protagonistas, manteniendo la filosofía de que macOS se adapte al método de entrada que estés usando en cada momento.
También se descarta, al menos de entrada, compatibilidad con Apple Pencil u otros stylus. Todo indica que la apuesta sería una pantalla táctil «sutil» centrada en toques puntuales, no en convertir el MacBook Pro en una tableta de dibujo o un iPad gigante. Con esto, Apple intentaría contentar a quien sí desea el tacto, sin descolocar a quien prefiere seguir como hasta ahora.
Precio, stock y estrategia: por qué a Apple le compensa esperar
Desde el punto de vista de negocio, la decisión de retrasar el MacBook Pro táctil con M6 hasta 2027 encaja bastante con la manera de moverse de Apple cuando el mercado se complica. Poner en la calle un portátil tope de gama, con nueva pantalla y nueva arquitectura de chip, en plena escalada del precio de la RAM y los SSD sería una jugada muy arriesgada.
Si Apple lanzase ahora, tendría básicamente dos opciones: asumir buena parte del sobrecoste y recortar márgenes, o subir el PVP más de lo habitual. Ninguna de las dos es especialmente atractiva. Apretar los márgenes chocaría con la política histórica de la compañía, y subir otra vez el precio de un MacBook Pro, que ya parte de cifras altas en Europa, podría empujar a una parte del público hacia modelos anteriores o incluso hacia otras marcas.
La alternativa que se filtra desde Cupertino es mucho más prudente: estirar la vida comercial de los modelos actuales, reorganizar el calendario de lanzamientos y apoyarse en la buena acogida de equipos como el MacBook Neo y los MacBook Pro con M5 Pro y M5 Max. Es decir, mantener una oferta competitiva sin forzar un producto estrella que podría llegar caro y escaso.
Además, el MacBook Pro táctil no tiene una fecha «sagrada» en el calendario, como sí ocurre con el iPhone o con la propia WWDC. Moverlo de finales de 2026 a principios de 2027 pasa más desapercibido para el gran público, siempre que haya otros lanzamientos que llenen el hueco informativo y comercial en Europa y el resto de mercados clave.
En paralelo, no se descarta que Apple anuncie el chip M6 antes de tener un MacBook Pro táctil listo. Podría debutar en otros productos, como el iPad Pro o algún sobremesa, mientras el portátil estrella espera a que el suministro de memoria y pantallas OLED se estabilice. De este modo, la compañía seguiría proyectando imagen de avance tecnológico sin obligarse a lanzar el dispositivo más complejo en el peor momento posible.
Con este panorama, quienes en España o en otros países europeos estén pensando en renovar su portátil profesional se encuentran ante una decisión complicada: apostar ya por un MacBook Pro actual, que probablemente mantenga precios, o aguantar uno o dos años esperando a un modelo táctil que, con la situación actual, no llegará ni rápido ni barato. Lo único claro es que la crisis de la RAM ha convertido lo que parecía una evolución lógica de la gama en un movimiento de alta tensión para Apple.