Jony Ive firma el interior del Ferrari Luce, el primer deportivo eléctrico de Maranello

  • Ferrari presenta el Luce, su primer deportivo 100% eléctrico, con más de 1.000 CV y más de 500 km de autonomía
  • Jony Ive y su estudio LoveFrom diseñan un interior que mezcla controles físicos, cristal y aluminio con una interfaz digital muy cuidada
  • El habitáculo prioriza la tactilidad y la seguridad frente a la proliferación de pantallas táctiles en los coches actuales
  • El exterior del Ferrari Luce se revelará en mayo, pero el modelo ya marca el rumbo de la electrificación deportiva de la marca

Interior del Ferrari Luce disenado por Jony Ive

El salto de Ferrari al coche eléctrico ya tiene nombre, cifras y, sobre todo, un interior muy particular. El Ferrari Luce será el primer deportivo de la marca de Maranello impulsado exclusivamente por baterías, y su habitáculo lleva la firma de Jony Ive y su estudio LoveFrom, en una colaboración que lleva gestándose en silencio durante años entre Italia y California.

Lejos de limitarse a llenar el coche de pantallas, Ive ha impulsado un enfoque en el que la interacción física, los materiales nobles y la ergonomía pesan tanto como la potencia o la autonomía. El resultado es un interior que quiere sentirse clásico y futurista a la vez, y que en Europa ya se observa como un posible referente de cómo deberían ser los deportivos eléctricos de alta gama.

Ferrari Luce: el primer eléctrico de Maranello apunta muy alto

Ferrari ha bautizado a su primer deportivo 100% eléctrico como Luce, “luz” en italiano, un nombre que la propia marca interpreta como una declaración de intenciones. El modelo inaugura un segmento nuevo en la gama: un gran turismo de cuatro puertas y cuatro plazas, totalmente eléctrico, que quiere mantener intacto el carácter de la firma pese al cambio de tecnología.

Según los datos adelantados por la marca en Europa, el Luce contará con más de 1.000 caballos de potencia en modo máximo y será capaz de pasar de 0 a 100 km/h en apenas 2,5 segundos. La velocidad punta se sitúa en el entorno de los 310 km/h, cifras que lo colocan directamente en la liga de los hiperdeportivos eléctricos.

La energía corre a cargo de una batería de 122 kWh desarrollada y ensamblada en Maranello. Ferrari habla de una autonomía homologada superior a 530 kilómetros bajo ciclo europeo WLTP, apoyada en una arquitectura de alto voltaje pensada tanto para el rendimiento en circuito como para largos viajes por carretera.

La marca italiana insiste en que la electrificación es un medio para potenciar su ADN deportivo, no un fin en sí mismo. Luce no pretende ser un ejercicio tecnológico aislado, sino el primer paso de una estrategia con la que Ferrari quiere liderar el terreno de los deportivos eléctricos en Europa sin renunciar a su herencia histórica.

Detalle interior Ferrari Luce

La huella de Jony Ive: tactilidad, calma y diseño casi artesanal

La colaboración entre Ferrari y Jony Ive se anunció oficialmente en 2021, aunque el trabajo conjunto arrancó antes. Durante más de cinco años, el equipo de LoveFrom ha trabajado codo con codo con el Centro de Estilo de Ferrari, interviniendo en “todas las dimensiones del diseño” del Luce, con especial foco en el interior y la experiencia de uso.

Ferrari describe el proyecto como una “expresión deliberada de su visión de futuro”: un coche que respete la herencia de la marca pero se atreva a reinterpretar cada componente, desde la ergonomía hasta la interfaz. Ive, acostumbrado a redefinir productos de consumo en Apple, ha trasladado aquí su obsesión por la simplicidad funcional y la precisión en los detalles.

El habitáculo se ha concebido con formas limpias y racionales, buscando transmitir tranquilidad y concentración más que espectáculo constante. La idea no es que el conductor se distraiga admirando el salpicadero, sino que todo resulte intuitivo desde el primer momento, incluso a alta velocidad en una autobahn o en un tramo revirado europeo.

Ferrari insiste en que hardware e interfaz se han desarrollado de forma conjunta, de manera que la arquitectura física y el software funcionan como un solo sistema. No se trata de colocar una tablet sobre un salpicadero, sino de integrar pantallas, botones y materiales con una coherencia que recuerde más a un instrumento de precisión que a un gadget.

Controles físicos frente a la invasión de las pantallas táctiles

Uno de los aspectos más llamativos del Ferrari Luce es que se aleja deliberadamente de la moda de convertir todo en una gran superficie táctil. Jony Ive ha explicado abiertamente que nunca habría diseñado un coche controlado únicamente a través de pantallas, porque obliga a apartar la vista de la carretera durante demasiado tiempo.

En el interior del Luce abundan botones, palancas e interruptores mecánicos diseñados para poder manejarse “a ciegas”. Cada control tiene su propia textura, su resistencia y su sonido al accionarse, de modo que el conductor puede distinguirlos por el tacto sin perder atención sobre lo que ocurre delante del coche.

Esta filosofía se aprecia, por ejemplo, en las rejillas de ventilación, que se abren y cierran con un clic deliberado, o en los mandos físicos de climatización situados bajo la pantalla central. Incluso el reloj situado en una esquina de la interfaz se maneja a través de botones físicos, aunque por dentro sea en realidad una pequeña pantalla digital.

El propio Ive reconoce que la tecnología táctil fue revolucionaria en el móvil porque permitía que un mismo dispositivo fuese calculadora, cámara o teclado. Sin embargo, defiende que no es la herramienta adecuada para ser la interfaz principal de un coche, donde la prioridad es la seguridad y la capacidad de manejar funciones por instinto.

En este sentido, el Ferrari Luce enlaza con una tendencia que se empieza a ver en varios fabricantes europeos: tras años de eliminar botones, algunos están recuperando controles físicos esenciales ante las quejas de los usuarios por las distracciones que generan las pantallas táctiles omnipresentes.

Un volante de sabor clásico con tecnología del siglo XXI

El volante del Ferrari Luce es probablemente el elemento que mejor resume el enfoque del proyecto. Ferrari y LoveFrom han partido de los históricos volantes Nardi de tres radios de los años 50 y 60, reinterpretándolos para un deportivo eléctrico moderno con todas las exigencias de seguridad actuales.

Fabricado en aluminio 100% reciclado y envuelto en capas de cuero, el volante es más delgado de lo habitual y unos 400 gramos más ligero que un volante convencional de la marca. En su centro, una columna de dirección en aluminio macizo se combina con las estructuras necesarias para integrar el airbag y todos los sistemas electrónicos.

Detrás del aro se sitúan dos levas metálicas de cambio que emiten un clic frío y nítido al accionarse, recordando más a un cambio secuencial mecánico que a un selector electrónico de un coche eléctrico. Aunque el vehículo no tenga caja de cambios tradicional, Ferrari y Ive han querido preservar esa sensación de control directo sobre la entrega de potencia.

Sobre el propio volante se concentran numerosos mandos físicos, desde los intermitentes y los limpiaparabrisas hasta la gestión de los modos de conducción. El clásico selector Manettino convive con un eManettino específico para el tren motriz eléctrico, permitiendo alternar entre perfiles de uso centrados en la autonomía, el confort o las prestaciones puras.

Uno de los detalles más curiosos es el pequeño control de limpiaparabrisas situado en la parte superior derecha: un dial con una diminuta lente que amplía un micro panel OLED oculto, fabricado a medida por Samsung. Se trata de una mezcla muy literal de mecánica y electrónica en un espacio mínimo.

Instrumentación híbrida: agujas reales y OLED a medida

Detrás del volante, el Ferrari Luce estrena un conjunto de tres indicadores principales que combinan elementos digitales y analógicos. En un momento en el que muchos coches apuestan por un simple panel rectangular, aquí se ha optado por una solución más compleja pero también más expresiva.

El cuadro central, de alrededor de 12 pulgadas, muestra el velocímetro y el estado de carga de la batería, con una aguja mecánica real moviéndose sobre gráficos digitales. A los lados se sitúan indicadores secundarios, de algo más de diez pulgadas, dedicados a la salida de potencia, la regeneración de energía y otros parámetros dinámicos.

Cada uno de estos indicadores está cubierto por un cristal transparente especialmente desarrollado por Corning, con capacidad para reducir casi por completo los reflejos, y enmarcado en anillos de aluminio anodizado. Detrás hay varias capas de electrónica y paneles OLED suministrados por Samsung, que permiten lograr esa mezcla de profundidad física e información flexible.

El conjunto está pensado para que, a simple vista, recuerde al cuadro de un Ferrari clásico de posguerra, pero con la versatilidad gráfica de una instrumentación moderna. Además, Ferrari ha creado una tipografía específica para el Luce, inspirada en la rotulación histórica de la marca y en la ingeniería italiana, para reforzar esa sensación de continuidad.

La marca asegura que el objetivo era ofrecer un espectáculo visual controlado: suficiente para emocionar al conductor cuando arranca el coche o cambia de modo, pero sin abrumarle con animaciones innecesarias mientras circula por una autovía o una carretera secundaria europea.

Una pantalla central que no quiere ser protagonista

En el centro del salpicadero se encuentra la que probablemente será la pantalla más comentada de los próximos meses. Se trata de un panel OLED de formato tipo tableta, montado sobre una base esférica que permite orientar la superficie tanto hacia el conductor como hacia el acompañante.

Debajo de la pantalla hay una especie de asa que sirve como punto de agarre para moverla y, al mismo tiempo, como apoyo para la muñeca. La idea es que el usuario pueda interactuar con la superficie táctil sin tener que “flotar” la mano en el aire, reduciendo así los movimientos bruscos y la necesidad de mirar fijamente durante demasiado tiempo.

Alrededor de ese panel, atravesándolo literalmente, se sitúan interruptores físicos e incluso un mando de volumen en cristal. Ferrari y LoveFrom pidieron a Samsung una solución muy poco habitual: una pantalla a medida perforada por una zona circular que actúa como reloj, cronógrafo o brújula según las necesidades del conductor.

El resultado es una interfaz híbrida en la que la pantalla se utiliza para lo que mejor sabe hacer —mapas, multimedia como Apple Music, información contextual—, mientras que las funciones que se tocan constantemente (temperatura, volumen, accesos básicos) se asignan a elementos mecánicos reconocibles al tacto.

Esta misma filosofía se replica en el panel superior, sobre la cabeza del conductor, donde se concentran botones físicos para activar el Launch Mode, gestionar la iluminación exterior o accionar el desempañador. De nuevo, funciones críticas alejadas de menús táctiles complejos.

La consola central: vidrio técnico y una llave muy especial

La consola central del Ferrari Luce está dominada por una pieza de vidrio que recuerda inevitablemente al trabajo de Ive con productos electrónicos, pero reinterpretada para un coche de más de 1.000 CV. El elemento estrella es un selector de marchas compacto en forma de L invertida, fabricado con una variante específica de Gorilla Glass desarrollada por Corning.

Este componente se ha endurecido en un baño de sal a 400 ºC y perforado con alrededor de 13.000 microorificios mediante láser para permitir una iluminación interna muy precisa, sin cables ni LEDs visibles. Pese a pesar menos de medio kilo, ofrece una sensación de solidez cuando se mueve entre posiciones que recuerda a los antiguos mandos mecánicos.

Al lado del selector se sitúa el hueco para la llave del coche, pieza que también ha recibido un cuidado especial. Con un diseño minimalista en forma de prisma y el logotipo del cavallino sobre fondo amarillo, incorpora electrónica y sirve como elemento imprescindible para arrancar el vehículo al insertarse en su base.

Al introducir la llave en la consola, el Luce inicia una secuencia de luces y cambios de color en el interior que actúa como “ritual de arranque”. Parte de esa animación se aprecia en la propia palanca de cristal, reforzando la sensación de que el coche “cobra vida” al recibir la llave.

La consola incluye además portavasos, pequeños compartimentos y mandos adicionales, todos ellos diseñados con la misma atención a la tactilidad. Ferrari habla de botones que rebotan con la precisión del antiguo botón de inicio de un iPhone, una referencia que deja claro hasta qué punto se ha buscado un tipo de respuesta física muy concreta.

Ferrari Luce interior y diseño

Materiales nobles, artesanía y una filosofía muy europea

Más allá de la electrónica, el interior del Ferrari Luce es una declaración de principios sobre cómo deberían usarse los materiales en un coche de lujo moderno. Ferrari insiste en que cada elemento se ha aplicado “en su forma más noble”, sin capas superfluas ni detalles puramente decorativos.

El aluminio aparece fresado, pulido o anodizado según la función de cada pieza, desde el volante hasta los raíles que sujetan los asientos al suelo, que también se han cuidado estéticamente aunque apenas se vean. El cuero se utiliza con patrones sobrios y costuras precisas, sin recurrir a contrastes innecesarios.

El vidrio técnico desarrollado con Corning está presente en decenas de componentes, desde las lentes de los indicadores hasta la propia palanca de cambios, siempre con un tratamiento que combina resistencia, claridad y control del reflejo. La sensación general es la de un interior pensado para envejecer bien, más allá de modas pasajeras.

Ferrari enmarca todo esto en una filosofía en la que la electrificación es un camino, no un destino. Luce no quiere ser un escaparate tecnológico desconectado de la tradición artesanal europea, sino una demostración de que es posible combinar motores eléctricos, interfaces digitales y acabados de alto nivel sin caer en el exceso ni en la frialdad.

Para contar este proceso, la marca ha puesto en marcha incluso una miniserie documental en la que irá desgranando los distintos pasos del desarrollo, desde los primeros bocetos en LoveFrom hasta las pruebas finales en carretera y circuito.

Entre el legado Ferrari y la sombra del Apple Car

La elección de Jony Ive no es casual. Tras abandonar Apple en 2019, el diseñador británico fundó LoveFrom junto a Marc Newson y ha trabajado con varias marcas de primer nivel, pero el proyecto con Ferrari es el que más claramente conecta su pasado tecnológico con un nuevo sector.

Durante años se especuló con la posibilidad de un Apple Car, un coche eléctrico desarrollado en secreto en Cupertino que nunca llegó a ver la luz. Muchos observadores ven ahora en el Ferrari Luce la materialización más cercana de lo que podría haber sido aquel proyecto: un vehículo en el que el diseño de la interfaz, los materiales y la experiencia de uso tendrían tanto peso como el motor o la batería.

La propia Ferrari mantiene desde hace tiempo lazos estrechos con el ecosistema Apple, desde la temprana adopción de CarPlay hasta la presencia de directivos de la compañía californiana en su consejo. El Luce, compatible con los últimos sistemas de integración para iPhone, refuerza esa relación en un momento en el que el coche conectado gana peso en Europa.

Al mismo tiempo, el proyecto subraya las diferencias entre ambos mundos. Mientras que Apple habría tenido que diseñar un producto relativamente masivo, con precios comparables a los de Tesla, Ferrari puede permitirse un enfoque ultraexclusivo, centrado en volúmenes reducidos y un nivel de detalle que resultaría difícil de escalar.

Para la industria automovilística europea, el Luce se convierte así en un caso de estudio sobre cómo gestionar una transición tecnológica sin diluir la identidad de marca. Y para Ive, en la confirmación de que su lenguaje de diseño puede trasladarse a un campo tan regulado y complejo como el del automóvil de altas prestaciones.

Queda todavía por conocer el diseño exterior definitivo y muchos detalles comerciales, pero el interior del Ferrari Luce ya deja claro por dónde van los tiros: un deportivo eléctrico de más de 1.000 CV que no renuncia ni a la tradición ni a la artesanía, en el que los controles físicos, el cristal y el aluminio cobran tanto protagonismo como las pantallas OLED y el software. Un movimiento con el que Ferrari espera consolidar su posición en la era eléctrica y, de paso, marcar el ritmo a seguir para el resto de fabricantes de lujo en Europa.

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