La NASA lleva el iPhone 17 Pro a la Luna con Artemis II: así es la primera misión lunar con móviles comerciales

  • La misión Artemis II es la primera misión lunar tripulada que lleva iPhone 17 Pro / Pro Max a bordo como cámaras personales.
  • Los teléfonos han pasado un proceso de certificación muy estricto para poder usarse en la cápsula Orion sin riesgos.
  • Los iPhone viajan en modo avión, conectados solo a la red interna de la nave, y se usan para tomar fotos y vídeos no críticos de la misión.
  • Este cambio abre una nueva etapa en la política de la NASA sobre dispositivos personales y en la presencia de tecnología de consumo en la exploración lunar.

iPhone 17 Pro en misión Artemis II

La misión Artemis II no solo supone el regreso de astronautas más allá de la órbita terrestre después de más de medio siglo; también marca un hito inesperado: es la primera vez que la NASA lleva iPhone 17 Pro y 17 Pro Max en una misión lunar tripulada. Estos teléfonos no forman parte de los sistemas críticos de la nave, pero sí se han convertido en protagonistas de muchas de las imágenes que ya circulan por redes sociales.

Dentro de la cápsula Orion, los cuatro astronautas -Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen- se pasan el iPhone flotando en microgravedad como si estuvieran en el salón de casa, solo que a más de 400.000 kilómetros de la Tierra. Que un móvil comercial viaje tan lejos, y además autorizado por la NASA, ilustra hasta qué punto la tecnología de consumo se ha colado en la exploración espacial.

Del monopolio de Nikon al salto a los smartphones

Durante décadas, las únicas cámaras autorizadas en misiones tripuladas de la NASA han sido modelos profesionales cuidadosamente adaptados. Nikon ha sido la referencia casi exclusiva, con cuerpos modificados y lentes diseñadas para soportar radiación, cambios extremos de temperatura y microgravedad. La última en recibir el visto bueno fue la Nikon Z9, una mirrorless de gama alta que forma parte del equipo habitual.

Esa política tan restrictiva tenía una explicación clara: cualquier dispositivo que entra en una nave tripulada debe superar un proceso de certificación muy exigente. Hay que demostrar que la batería no supone un riesgo de incendio, que los materiales no se fragmentan en caso de golpe o rotura, que no hay piezas sueltas que puedan salir flotando y que el aparato no interfiere con los sistemas de comunicación y navegación.

Hasta ahora, la NASA no se había tomado la molestia de certificar un smartphone moderno para un uso prolongado en el espacio profundo. No porque fuera imposible, sino porque la prioridad siempre ha sido el hardware diseñado ad hoc para las misiones. El cambio de política con Artemis II rompe esa inercia y abre la puerta a más tecnología de consumo a bordo.

En paralelo, la agencia ha venido relajando su postura gracias a la experiencia previa de empresas privadas. SpaceX llevaba casi una década permitiendo el uso de móviles y tablets en sus vuelos tripulados, con marcos de seguridad más flexibles. Esa trayectoria ha servido como referencia para que la NASA se decidiera, por fin, a dar el paso también en un viaje lunar.

Astronautas usando iPhone 17 Pro en Artemis II

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Un iPhone camino a la Luna: qué modelo viaja y para qué se usa

El administrador de la NASA adelantó en febrero que la tripulación de Artemis II volaría con smartphones de última generación para capturar momentos personales y compartir imágenes inspiradoras con el público. Poco después, Apple confirmó que esta sería la primera ocasión en la que un iPhone quedaría “totalmente certificado para uso extendido en órbita y más allá”.

Los vídeos y fotos difundidos desde la cabina han permitido identificar el modelo: se trata del iPhone 17 Pro y 17 Pro Max en color plata, el buque insignia actual de Apple. La NASA entregó un terminal a cada astronauta durante la cuarentena previa al lanzamiento y al menos uno de ellos se guardó en el bolsillo de la pierna de los trajes de vuelo antes del despegue.

A bordo, los iPhone viajan en modo avión y se conectan únicamente a la red Wi-Fi interna de la cápsula Orion. Esa red es la que se encarga de enviar las fotos y vídeos al sistema de comunicaciones de la nave, que a su vez retransmite los datos hacia las estaciones en tierra. Obviamente, ni el 5G ni ninguna otra red móvil llega tan lejos como para dar servicio entre la Tierra y la Luna.

La función de estos teléfonos es muy concreta: actúan como cámaras personales para hacer fotos y grabar vídeo tanto del interior de la cabina como del exterior de la nave. No pueden conectarse a Internet ni usar Bluetooth y no sustituyen en ningún caso a las cámaras científicas ni a los sistemas certificados de la misión. Son, en esencia, la versión espacial del móvil que cualquiera lleva en el bolsillo.

En las primeras horas de vuelo, una cámara de a bordo ya captó la escena en la que un iPhone 17 Pro Max flotaba en microgravedad, pasando de las manos de Jeremy Hansen a Christina Koch, con Wiseman y Glover observando la situación entre risas. Es el tipo de momento cotidiano que hasta ahora no se veía con tanta naturalidad en vuelos lunares.

Imágenes inéditas desde la órbita lunar y más allá de la magnetosfera

Artemis II es la primera misión tripulada que se aleja de la órbita baja terrestre desde el Apollo 17 en 1972. La nave despegó el 1 de abril de 2026 desde el Kennedy Space Center y prevé completar un viaje de unos diez días, incluyendo un sobrevuelo de la cara oculta de la Luna antes de regresar a la Tierra.

En ese recorrido, la cápsula Orion llevará a sus cuatro tripulantes más allá de la magnetosfera, el “escudo” que protege a la Tierra de gran parte de la radiación espacial. Se calcula que la misión podría superar el récord histórico de distancia respecto a nuestro planeta, establecido por Apollo 13, lo que haría aún más simbólico el hecho de que parte de las imágenes se tomen con un móvil comercial.

Desde la ventanilla de Orion, los astronautas están usando los iPhone para captar la etapa superior del cohete que los impulsó, la curvatura de la Tierra y las maniobras de la nave en su camino hacia la Luna. Christina Koch y Jeremy Hansen han documentado con sus teléfonos algunas de las operaciones de separación y cambio de trayectoria que servirán de ensayo para futuras misiones con alunizaje.

La NASA insiste en que la prioridad de estos smartphones es también humana: permitir a la tripulación registrar momentos especiales para sus familias y ofrecer al público una mirada más cercana a la vida en el interior de la nave. Esa dimensión más personal encaja con la estrategia de la agencia de acercar la exploración espacial a la ciudadanía mediante canales como X, YouTube o retransmisiones en directo.

Para la audiencia europea, acostumbrada a seguir lanzamientos nocturnos desde el sofá, ver cómo un iPhone 17 Pro captura la Luna desde la ventanilla de una nave real añade un punto de cercanía peculiar: la misma lente que se usa para fotografiar una cena o unas vacaciones está retratando el espacio profundo; muchos aficionados usan apps para seguimiento del cielo para complementar esas imágenes.

Cómo se certifica un iPhone para viajar a la Luna

Aunque pueda parecer un simple “detalle curioso”, aprobar un teléfono inteligente para un vuelo tripulado implica un proceso técnico complejo. El procedimiento estándar de la NASA para cualquier nuevo dispositivo a bordo consta, según la propia agencia, de cuatro fases principales.

En primer lugar, el equipo se presenta ante un panel de seguridad que analiza su diseño, materiales y posibles puntos débiles. Se estudian riesgos como la rotura del cristal en condiciones de microgravedad, la presencia de piezas móviles, la resistencia de la carcasa y el comportamiento de la batería en un entorno cerrado.

A continuación, se elabora un listado detallado de amenazas potenciales, desde interferencias electromagnéticas hasta la generación de fragmentos que puedan flotar por la cabina. En microgravedad, incluso una astilla de cristal puede ser peligrosa si se cuela en un sistema de ventilación o impacta contra un astronauta. Por eso se revisan también accesorios y fundas.

La tercera etapa del proceso define las medidas de mitigación: cómo se va a sujetar el dispositivo, en qué momentos se puede usar y bajo qué limitaciones. En el caso de Artemis II, buena parte de los objetos cotidianos, incluidos los iPhone, se aseguran mediante velcro a las superficies de la nave, evitando que floten libremente cuando no están en uso.

Por último, la NASA ejecuta pruebas para comprobar que las soluciones planteadas funcionan en la práctica. Eso incluye ensayos térmicos, tests de vibración y simulaciones de uso prolongado. Solo después de superar todos estos pasos, el iPhone 17 Pro Max recibió la luz verde para acompañar a la tripulación durante toda la misión.

Apple, por su parte, ha aclarado que no ha intervenido en el proceso de certificación ni ha firmado un acuerdo de marketing específico con la NASA. Desde Cupertino se limitan a reconocer que es la primera vez que uno de sus móviles queda autorizado para un uso extendido “en órbita y más allá”, un matiz que subraya la naturaleza histórica de Artemis II.

Detalle de iPhone 17 Pro en la nave Orion

Los iPhone se suman a Nikon y GoPro: el resto del equipo de imagen

Aunque el protagonismo mediático se lo esté llevando el móvil, el arsenal fotográfico de Artemis II va mucho más allá de los smartphones. A bordo de la cápsula Orion viajan también dos cámaras Nikon D5, presentadas originalmente en 2016, y cuatro GoPro Hero 11, lanzadas en 2022, pensadas para capturar planos muy dinámicos tanto dentro como fuera de la nave.

Las Nikon siguen siendo las cámaras de referencia para la documentación técnica y científica, con sensores reforzados y componentes adaptados al entorno espacial. Las GoPro, por su parte, se utilizan para tomas de acción, puntos de vista cercanos a las ventanillas y zonas donde una cámara más voluminosa no tendría sentido.

La incorporación del iPhone 17 Pro Max no reemplaza a estos sistemas, sino que los complementa. El teléfono actúa como una cámara de consumo capaz de ofrecer otro tipo de encuadres y una espontaneidad diferente, especialmente en escenas de convivencia, momentos de descanso o pequeños gestos entre los miembros de la tripulación.

Esta mezcla de equipamiento profesional y dispositivos cotidianos también refleja la evolución de la fotografía en general. Lo que antes solo podía hacerse con cámaras muy especializadas ahora se puede cubrir, al menos en parte, con un móvil de alta gama. La gran diferencia en Artemis II es que esa convergencia se está produciendo a cientos de miles de kilómetros de la Tierra.

Un cambio de filosofía en la NASA respecto a los dispositivos personales

El permiso para que los astronautas lleven iPhone 17 Pro en Artemis II no es un gesto aislado, sino parte de una actualización más amplia de los protocolos de la NASA. A partir de 2026, la agencia ha abierto la puerta al uso de smartphones y tablets personales en determinadas misiones, siempre que superen el filtro de seguridad correspondiente.

Esta línea ya se había empezado a ver en vuelos como Crew-12 o en algunas misiones privadas asociadas a empresas estadounidenses, pero no se había aplicado aún en un viaje lunar. Con Artemis II se estrena de forma visible esa nueva política en una expedición que está bajo el foco de todo el mundo, incluida la audiencia europea, muy pendiente del regreso a la Luna.

Según explicó la agencia, el objetivo es doble: por un lado, mejorar el bienestar psicológico de la tripulación permitiéndoles herramientas más familiares para registrar su experiencia; por otro, disponer de material visual más variado para acercar las misiones al gran público. En la práctica, esto se traduce en más flexibilidad para aprobar “hardware moderno” en menos tiempo.

El administrador de la NASA ha defendido que esta urgencia en los procesos será clave si se quiere establecer una presencia sostenida en la Luna, con envíos regulares de nuevos componentes, hábitats y vehículos. Validar tecnología de consumo rápidamente, sin sacrificar la seguridad, será una parte importante de ese engranaje.

En Europa, donde el interés por el programa Artemis también es elevado, este giro se interpreta como un movimiento lógico si se pretende normalizar la vida en el espacio y avanzar hacia futuras misiones de larga duración, tanto lunares como, a largo plazo, marcianas.

Un momento cotidiano en un viaje extraordinario

Cuando Artemis II complete su recorrido y los cuatro astronautas regresen a la Tierra, habrá fotografías y vídeos grabados con un iPhone a más de 400.000 kilómetros de casa. Es un detalle aparentemente menor dentro de una misión cargada de desafíos técnicos, pero tiene una carga simbólica innegable.

La exploración lunar de esta década se está documentando a la vez con cámaras científicas de decenas de miles de euros y con el mismo tipo de móvil que muchas personas usan a diario. Esa convivencia entre lo excepcional y lo cotidiano ayuda a que la Luna deje de verse como algo lejano y abstracto y pase a percibirse como un destino que forma parte, de alguna manera, de nuestra vida digital.

Ver a una tripulación rumbo a la órbita lunar jugando unos segundos con un iPhone 17 Pro en gravedad cero no cambia la ingeniería de la misión, pero sí la forma en que la contamos y la recordamos. Artemis II será estudiada por sus hitos técnicos, pero también quedará en la memoria como la primera vez que un smartphone comercial viajó tan lejos para mostrarnos el espacio desde una perspectiva tan humana.