
El MacBook Neo se ha convertido en el portátil más barato que vende Apple, y eso ha disparado el interés… y también las dudas. Su precio agresivo lo hace muy tentador, pero al mirar más de cerca aparecen concesiones importantes que no se han explicado demasiado en la presentación oficial, sobre todo en lo que respecta a la velocidad del SSD frente a los MacBook Air y MacBook Pro.
Buena parte de la polémica viene de que, sobre el papel, el Neo combina un chip muy capaz (A18 Pro) con un almacenamiento sorprendentemente lento para los estándares actuales de Apple. Esto choca con la idea que solemos tener de la marca: portátiles muy fluidos, con SSD rapidísimos y sin grandes cuellos de botella. Aquí la realidad es algo más matizada: el equipo es más que suficiente para el usuario básico, pero hay diferencias técnicas claras frente a los modelos Air y Pro que conviene entender antes de pasar por caja.
MacBook Neo: especificaciones, precio y filosofía de producto
Apple presenta el Neo como la puerta de entrada más barata al ecosistema Mac. Parte de unos 599 dólares (16 990 coronas checas en el ejemplo europeo), una cifra muy por debajo de cualquier MacBook reciente, lo que explica que hayan tenido que recortar en varios frentes para cuadrar números.
En el corazón del equipo está el chip A18 Pro, el mismo que monta el iPhone 16 Pro, aunque adaptado para portátil: 6 núcleos de CPU y 5 de GPU en la versión del Neo. Es un SoC de 3 nm (proceso N3E de TSMC) con arquitectura ARMv9.2-A de 64 bits, es decir, comparte la misma base tecnológica que el M4 de los últimos Mac, solo que con menos núcleos.
La configuración de memoria es sencilla: 8 GB de RAM unificada sin opción de ampliación, algo ya habitual en los Mac de entrada. En almacenamiento, Apple ofrece 256 GB en el modelo base y 512 GB en la variante superior, ambas capacidades también soldadas y no ampliables.
Para abaratar aún más, el Neo renuncia a varias comodidades: no hay teclado retroiluminado, ni puerto MagSafe y el resto del hardware está más orientado a lo básico. A cambio, ofrece un diseño ligero, buena batería y macOS completo, capaz de ejecutar las mismas apps que un MacBook Air o Pro actual.
Velocidades de SSD en el MacBook Neo: las cifras reales
Donde salta la liebre es en la velocidad del SSD que monta el MacBook Neo. Varios medios y creadores han medido el rendimiento de la unidad usando herramientas habituales como Blackmagic Disk Speed Test o AmorphousDiskMark, las mismas que se usan para comparar el resto de Mac.
En pruebas realizadas sobre el modelo de 256 GB con chip A18 Pro, el Neo se mueve en torno a 1.600-1.735 MB/s en lectura secuencial y alrededor de 1.570-1.684 MB/s en escritura. Son números muy modestos si tenemos en cuenta el historial reciente de Apple con SSD extremadamente rápidos.
Para ponerlo en contexto, estas velocidades ni siquiera exprimen del todo el ancho de banda típico de un SSD PCIe NVMe Gen 3. No significa que sean lentas en términos absolutos, pero sí que quedan lejos de lo que vemos en el resto de portátiles de la gama actual.
Un recopilatorio de resultados con AmorphousDiskMark muestra, además, que el Neo se comporta de forma muy similar a los Mac con M2 y M3 de 256 GB que montaban un solo chip NAND. Es decir, Apple vuelve a una estrategia que ya conocíamos: unidades sencillas de un solo módulo para los modelos base, con menos rendimiento.
Comparativa con MacBook Air y MacBook Pro: de “suficiente” a “demasiado rápido”
La parte más llamativa llega al comparar el Neo con el resto de la gama portátil de Apple. Un MacBook Air con chip M5 y 256 GB, según los mismos test con Blackmagic, se mueve en el entorno de los 6.473 MB/s de lectura y 6.558 MB/s de escritura. Es decir, más de tres veces más rápido que el Neo en operaciones secuenciales.
Incluso la generación anterior, el MacBook Air con M4, ya dejaba al Neo en evidencia: sus cifras rondan los 2.833 MB/s en lectura, más del doble que el SSD del equipo de entrada. Y si nos vamos todavía más atrás, el antiguo MacBook Air M1 con SSD “grande” superaba ampliamente los 3.400 MB/s, por encima también del Neo.
En el extremo opuesto del catálogo encontramos los MacBook Pro con chip M5 Pro y M5 Max, donde el rendimiento del SSD es directamente descomunal. En esas máquinas se han medido en torno a 13,6 GB/s de lectura y 17,8 GB/s de escritura en los modelos más rápidos, y configuraciones con 8 TB que superan incluso los 22 GB/s en determinadas pruebas.
Si cogemos todos estos datos y los ponemos en una tabla imaginaria, el Neo queda muy claro: SSD comparable a los Mac M2/M3 base de 256 GB, muy por debajo de Air M4/M5 y a años luz de los Pro con M5 Pro/Max. El resto de portátiles de Apple juegan directamente en otra liga en lo que a almacenamiento se refiere.
Por qué el SSD del Neo es tan lento: módulos NAND y recortes de coste
La clave está en cómo Apple configura físicamente la unidad. En los MacBook Neo de 256 GB, al igual que ocurrió con el MacBook Pro M2 de 13 pulgadas y el Mac mini M2 de 2023, todo apunta a que se ha recurrido a un único chip de memoria NAND de 256 GB para el SSD.
Cuando se usa un solo chip de este tipo, el controlador del SSD tiene menos “canales” en paralelo para trabajar, lo que reduce de forma notable la velocidad máxima, sobre todo en lecturas y escrituras secuenciales. En cambio, las configuraciones con dos o más chips (por ejemplo, 2 x 128 GB para un total de 256 GB, o 4 x 128 GB para 512 GB) permiten mover datos simultáneamente y disparan el rendimiento.
Ya vimos este patrón con el MacBook Pro M2 base de 256 GB, que mostraba velocidades de lectura aproximadamente un 50 % más bajas que el modelo M1 con la misma capacidad, y escrituras alrededor de un 30 % inferiores. Al abrir el portátil se comprobó que el M2 usaba un solo módulo NAND de 256 GB, mientras que el M1 llevaba dos de 128 GB trabajando en paralelo.
Algo muy parecido se detectó en los MacBook Pro de 14 pulgadas con M2 Pro y 512 GB de 2023: frente a los modelos con M1 Pro, las pruebas arrojaban lecturas y escrituras secuenciales sensiblemente más bajas. La explicación, de nuevo, estaba en el número y disposición de los chips NAND en placa, con menos módulos de mayor capacidad por motivos de coste.
En el Mac mini M2 de 2023 sucedía lo mismo: el modelo de 256 GB presentaba cifras en torno a 1.431 MB/s en escritura y 1.482 MB/s en lectura, prácticamente la mitad que el mini M1 de 2020, que se movía sobre 2.733 MB/s y 2.854 MB/s respectivamente. Todo apunta a que el Neo hereda exactamente esta filosofía. Más detalles sobre los distintos modelos de Mac mini están en todo sobre el Mac mini.
¿Importa de verdad un SSD más lento en el día a día?
Sobre el papel, pasar de 7.000 MB/s a 1.700 MB/s suena a catástrofe absoluta. En la realidad cotidiana, la historia es bastante menos dramática, sobre todo para el cliente tipo al que va dirigido el MacBook Neo.
Para tareas como navegar por internet, usar la suite ofimática, responder correos, videollamadas o ver contenido en streaming, lo que manda es el rendimiento de un solo núcleo de la CPU y la agilidad general del sistema, y ahí el A18 Pro va sobrado. El acceso a archivos pequeños y la carga de apps ligeras no exigen tanto ancho de banda sostenido al SSD, de modo que el usuario medio difícilmente va a notar que su unidad no es de récord.
Donde sí se aprecia la diferencia es al manejar archivos muy grandes: copias de decenas o cientos de gigas, bibliotecas de vídeo en bruto, máquinas virtuales pesadas, etc. Copiar un archivo de 100 GB, por ejemplo, puede llevar alrededor de un minuto en el Neo, frente a unos 30 segundos en un MacBook Air M5 y apenas unos segundos en un MacBook Pro con M5 Max o SSD tope de gama.
Ahora bien, también hay que ser realistas: el modelo base del Neo tiene solo 256 GB de almacenamiento y la variante superior “apenas” 512 GB. No es precisamente la máquina que te comprarías si tu plan es mover a diario proyectos de 100 GB o más, así que ese escenario extremo no será habitual en el público objetivo.
Las primeras reviews y análisis de medios internacionales coinciden casi palabra por palabra: el SSD es claramente más lento, sí, pero en el uso normal para el que está pensado el Neo, el impacto es mínimo. Quien compra este portátil buscando una máquina barata para el día a día raramente se fija en las cifras de MB/s, y menos aún en gráficos de benchmark.
El efecto combinado: SSD lento y solo 8 GB de RAM
Donde la cosa se complica es cuando juntamos dos limitaciones: un almacenamiento modesto en velocidad y unos escasos 8 GB de RAM que no pueden ampliarse. Aquí ya no hablamos solo de copiar archivos, sino de cómo macOS gestiona la memoria cuando se queda sin espacio en la RAM física.
En cualquier Mac, cuando las aplicaciones consumen toda la memoria disponible, el sistema empieza a usar el SSD como memoria virtual (swap). Esto siempre implica una penalización de rendimiento: el SSD, por rápido que sea, es mucho más lento que la RAM. Pero si encima la unidad es tranquila, como la del Neo, el efecto se nota aún más.
Para flujos de trabajo pesados —edición de vídeo 4K, proyectos complejos de audio, compilaciones grandes de código, aplicaciones de inteligencia artificial local o multitarea muy intensa con decenas de pestañas y apps abiertas— el sistema puede entrar y salir del SSD constantemente para intercambiar datos, creando pequeños atranques y ralentizaciones visibles.
En un MacBook Air M5 con SSD mucho más veloz, ese “golpe” de rendimiento ya se deja sentir cuando el sistema hace swap. En el Neo, la combinación de poca RAM + SSD lento puede convertir estos escenarios en algo directamente incómodo si se sostienen en el tiempo.
Por eso muchos analistas recomiendan valorar muy bien el uso previsto: si lo que se busca es una máquina para ofimática, consumo de contenido, apps ligeras y alguna edición básica de fotos, el Neo responde sin demasiado problema. Si, por el contrario, se pretende ir más allá y afrontar cargas de trabajo profesionales o semiprofesionales, merece la pena estudiar el salto al MacBook Air M5 o incluso a un Pro, aunque eso suponga pagar bastante más.
Rendimiento del chip A18 Pro frente a M1, M3 y M4
Curiosamente, mientras el SSD recibe críticas por ir “a pedales”, el chip A18 Pro sale bastante bien parado en los benchmarks. Aquí Apple no ha escatimado: los resultados de Geekbench 6 muestran que el Neo no es en absoluto un portátil lento en CPU.
En pruebas de un solo núcleo (single-core), el MacBook Neo obtiene en torno a 3.461 puntos, mientras que en multi-core ronda los 8.668 puntos. Traducido a lo práctico, el Neo es casi un 48 % más rápido que el M1 en single-core y se sitúa a un nivel muy parecido al M1 en rendimiento multinúcleo, acercándose al M3 y M4 en cuanto a potencia por núcleo.
En gráficos, el rendimiento Metal es algo inferior al del iPhone 16 Pro, lógico teniendo en cuenta que el Neo monta una GPU con un núcleo menos. Aun así, ofrece potencia más que aceptable para juegos ligeros, aceleración de interfaz, edición de fotos y algo de vídeo moderado.
Lo interesante de estos datos es que tumban parte del discurso de “es un chip de móvil metido en un portátil”. Técnicamente, el A18 Pro y el M4 comparten el mismo ADN arquitectónico, la misma generación de proceso y filosofía de diseño Apple Silicon; la gran diferencia está en el número de núcleos totales y en el enfoque energético.
Al final, lo que marca la fluidez diaria al abrir apps, navegar, moverse por el sistema y gestionar tareas comunes es principalmente el rendimiento single-core. Y en ese terreno, el Neo se comporta como un Mac de gama media, aunque su SSD haga pensar lo contrario si solo miramos gráficos de velocidad de disco.
Cómo encaja el Neo en la gama Mac y a quién va dirigido

Con un precio de unos 699 euros como puerta de acceso al ecosistema Mac en muchos mercados, el Neo ocupa un hueco que Apple llevaba tiempo sin cubrir: el del portátil realmente asequible para quien viene de Windows baratos o Chromebook y quiere probar macOS sin arruinarse.
Ese público suele buscar batería decente, buena pantalla, teclado cómodo y que “todo vaya fluido” en las tareas normales. No acostumbra a moverse en proyectos gigantes, ni a editar 4K diariamente, ni a entrenar modelos de IA localmente. Para ellos, el recorte en la velocidad del SSD es casi invisible, mientras que sí notan el beneficio de tener un Apple Silicon moderno y un sistema muy optimizado.
Quien sí debería pensárselo dos veces es el perfil que planea usar el Neo como equipo principal para trabajo exigente. En esos casos, la suma de 8 GB de RAM, SSD lento y almacenamiento limitado termina pasando factura. Ahí es cuando el sobrecoste de un MacBook Air M5 empieza a cobrar mucho sentido, porque no solo ganas en potencia bruta, sino en margen de maniobra a medio plazo. Si te interesa optimizar y ahorrar al usar macOS, mira guías como cómo ahorrar y optimizar tu experiencia en Mac.
En este sentido, Apple juega a algo que ya ha hecho con otros modelos: ofrecer una opción de entrada muy agresiva en precio, asumiendo que el usuario que quiera exprimir más el sistema acabará subiendo de escalón dentro del catálogo, bien a un Air con más almacenamiento o directamente a un Pro.
Al final, el Neo es una especie de “cebo” muy atractivo para ese enorme mercado de usuarios que llevan años con portátiles baratos de Windows o Chromebooks modestos y nunca habían tenido tan fácil entrar en macOS. Para ellos, el salto en experiencia general será grande, aunque sobre el papel el SSD del Neo parezca de otra época comparado con los Pro.
Todo este panorama deja claro que el MacBook Neo es una máquina muy competente en CPU y muy justa en SSD, pensada para el día a día y no para tareas intensivas donde el almacenamiento marca la diferencia. Entender estas limitaciones antes de comprarlo es clave: quien lo use para lo que está diseñado probablemente quedará encantado, mientras que quien espere las prestaciones de un MacBook Pro en un equipo de entrada puede llevarse un chasco al empezar a copiar proyectos enormes, hacer mucho multitarea o tirar de IA local de manera continuada.