Spotify desvela Loud & Clear, su radiografía del negocio del streaming musical

  • Spotify publica su informe Loud & Clear con nuevos datos sobre ingresos y reparto de regalías.
  • Solo una minoría de artistas supera umbrales de ingresos que permitan vivir solo del streaming.
  • El streaming impulsa una industria más global y diversa en géneros e idiomas, con fuerte presencia independiente.
  • Aumentan las críticas por los bajos pagos y algunos artistas deciden abandonar la plataforma.

Informe Spotify Loud and Clear

Spotify ha publicado una nueva edición de su informe Loud & Clear, el documento con el que la compañía trata de explicar, con cifras, cómo se reparte el dinero dentro de su plataforma de streaming y cuál es el impacto real en la carrera de los músicos. El informe vuelve a llegar en medio de un debate intenso sobre la sostenibilidad del modelo para la mayoría de artistas, especialmente en Europa y en mercados maduros como España.

La radiografía que ofrece la empresa muestra un escenario de crecimiento del negocio global del streaming, pero también pone sobre la mesa las tensiones ya conocidas: una enorme concentración de ingresos en la parte alta del catálogo, dificultades para mantener una “clase media” de artistas y una percepción generalizada de que las regalías siguen lejos de ser suficientes para muchos creadores.

Ingresos, umbrales y brecha entre artistas

Uno de los datos que más llama la atención del informe Loud & Clear es el de los artistas situados en posiciones medias del ranking de escuchas. Según las cifras publicadas, el artista que ocupa aproximadamente el puesto 100.000 en la clasificación global de Spotify generó en torno a 7.500 dólares durante 2025. Es una cantidad que multiplica por veinte lo que obtenía un perfil similar en 2015, pero que sigue siendo claramente insuficiente para sostener una carrera musical por sí sola.

Spotify sube precios de sus suscripciones Premium
Artículo relacionado:
Spotify sube precios de sus suscripciones Premium: así afecta a los usuarios y al mercado

El propio informe reconoce que solo alrededor del 1 % de los artistas que tienen música subida a la plataforma supera ese umbral de 7.500 dólares anuales en ingresos por streaming. Es decir, para la inmensa mayoría, el dinero que deja Spotify es un complemento, no la base de su economía, algo que en mercados como España se traduce en la necesidad de encadenar conciertos, trabajos paralelos y otras fuentes de ingresos para mantener la actividad artística.

Las cifras se vuelven todavía más exigentes cuando se mira a los niveles de ingresos que, en teoría, permitirían vivir razonablemente de la música grabada. El documento de Spotify apunta que unos 24.700 artistas consiguen más de 50.000 dólares al año en la plataforma, una cantidad que en muchos países europeos apenas roza el mínimo para cubrir costes de vida, producción, equipo y giras, especialmente si se tiene en cuenta que esos ingresos suelen repartirse entre sellos, managers y otros intermediarios.

Aun así, Spotify insiste en la cara positiva de estas cifras, subrayando que ha conseguido aumentar de forma sostenida el volumen total de pagos hacia el sector musical, al tiempo que más artistas de distintos niveles logran algún tipo de remuneración por su catálogo. La compañía defiende que, comparado con la era del CD y las descargas, hoy existe un abanico más amplio de músicos que ingresan algo por su trabajo, aunque sea en cantidades modestas.

Reparto de regalías y peso de la música independiente

En el capítulo de dinero distribuido, Loud & Clear destaca que Spotify ha repartido más de 11.000 millones de dólares en un solo año a la industria musical global, elevando el total acumulado desde su lanzamiento hasta cerca de 70.000 millones. Se trata de pagos que se canalizan principalmente a través de discográficas, distribuidoras y entidades de gestión, que luego los reparten a artistas, compositores y otros titulares de derechos.

La plataforma hace hincapié en el creciente peso de la escena independiente. Según sus datos, cerca del 50 % de las regalías generadas en 2025 habrían correspondido a artistas y sellos que operan fuera de las grandes multinacionales. Esta tendencia también se deja notar en Europa, donde cada vez más músicos optan por distribuidoras digitales y acuerdos flexibles para mantener mayor control sobre su catálogo.

Spotify sostiene que alrededor del 70 % de los ingresos que genera su negocio musical regresa a la industria en forma de pagos a titulares de derechos, convirtiéndose así en uno de los principales motores de financiación del sector. En paralelo, la compañía señala que en los dos últimos años ha abonado unos 5.000 millones de dólares en concepto de derechos de autor y edición musical, una parte clave para compositores y editoriales.

No obstante, aunque el volumen global de dinero crece, la percepción de muchos artistas y profesionales en España y otros países europeos sigue siendo la de un reparto desigual y poco transparente. El sistema de pago prorrateado, basado en el porcentaje de escuchas totales de la plataforma, continúa en el centro de la discusión, y se multiplican las peticiones para avanzar hacia modelos de pago centrados en el usuario o fórmulas alternativas.

En el propio informe, Spotify admite que millones de canciones alojadas en su catálogo no reciben ni una sola reproducción, y que es necesario alcanzar un mínimo aproximado de 1.000 escuchas para que se genere un pago. Este dato refleja hasta qué punto la competencia por la atención es feroz y cómo una parte significativa del repertorio queda prácticamente enterrada en el fondo del sistema.

Datos informe Loud and Clear

Globalización del consumo: más países, idiomas y géneros

Otro de los ejes centrales de Loud & Clear es la manera en que el streaming ha contribuido a descentralizar la industria musical. Spotify señala que, en 2025, artistas de 75 países distintos consiguieron al menos 500.000 dólares en regalías por streaming, frente a los 66 países que alcanzaron ese nivel el año anterior. Esta expansión geográfica se nota también en Europa, donde escenas locales encuentran oyentes en territorios que hace apenas una década resultaban casi inaccesibles.

La compañía destaca que, para un artista medio, cerca de la mitad de sus reproducciones proviene ya de fuera de su país de origen. En el caso de músicos españoles y europeos, esto se traduce en oportunidades para construir públicos relevantes en Latinoamérica, Estados Unidos u otros mercados europeos, sin necesidad de grandes estructuras de promoción tradicional.

En cuanto a la diversidad lingüística, el informe subraya que canciones en 16 idiomas diferentes lograron colarse en el “Global Top 50” de Spotify, duplicando el número de lenguas presentes en esa lista respecto a 2020. El auge del castellano, el francés, el portugués o idiomas de mercados emergentes ha cambiado la cara de las listas globales, cada vez menos dominadas en exclusiva por el inglés.

También se detalla el empuje de estilos que hasta hace poco se consideraban escenas locales o de nicho. El funk brasileño aparece como el género de más rápido crecimiento, superando los 100 millones de dólares en regalías, mientras que el K-Pop consolida su salto al gran público. En paralelo, géneros como el afrobeat o ciertas variantes de la música mexicana viven un momento de fuerte expansión internacional, beneficiándose del altavoz que ofrece el streaming.

Joe Hadley, responsable global de asociaciones musicales de Spotify, resume esta transformación señalando que la música es hoy mucho menos centralizada que hace dos décadas. En sus declaraciones, apunta a ejemplos como el éxito global de artistas que cantan en español o las apariciones de figuras latinas en eventos tan masivos como la Super Bowl, reflejando cómo el panorama se ha abierto más allá de los grandes centros anglosajones.

La difícil supervivencia de la “clase media” musical

Más allá de los récords y las cifras macro, el informe Loud & Clear y el contexto que lo rodea vuelven a encender las alarmas sobre el riesgo de desaparición de una “clase media” de artistas. Se trata de músicos que no llenan estadios ni acumulan cientos de millones de escuchas, pero que históricamente han sostenido buena parte del tejido cultural a base de vender miles de discos y llenar salas de tamaño medio.

Los datos que ofrece Spotify apuntan a que, hoy por hoy, prácticamente solo los nombres situados en la parte alta de las listas globales pueden aspirar a vivir de la música grabada. A esto se suma que, especialmente en Europa, organizar giras en salas medianas se ha vuelto más costoso y complejo, mientras que la venta de merchandising, que hace unos años funcionaba como tabla de salvación, ya no compensa como antes los ingresos que faltan en el streaming.

En este contexto, algunos analistas miran con cierto optimismo a fenómenos como el repunte en la venta de vinilos, un formato que en muchos casos deja un margen mayor a los artistas independientes y a los sellos pequeños. Sin embargo, nadie espera que el vinilo sea una solución masiva; más bien actúa como un complemento que puede ayudar a cuadrar cuentas a quienes tienen una base de seguidores fiel.

Si se compara con décadas pasadas, se aprecia un cambio de fondo en el papel de esos artistas intermedios que, sin ser superestrellas, han sido fundamentales en la historia del pop y el rock. Bandas que vendían cientos de miles de copias y llenaban teatros o grandes salas —pero no estadios— encontraban espacio para experimentar y crecer. Ese ecosistema de grupos de culto y propuestas arriesgadas es precisamente el que muchos temen que se esté estrechando ante la presión de un mercado dominado por el volumen de reproducciones.

Las señales que llegan desde el directo tampoco son demasiado alentadoras. La propia dificultad para agotar entradas de grandes nombres internacionales en determinados mercados apunta a que la saturación de oferta, la subida de precios y el cambio en los hábitos de consumo están golpeando tanto a quienes intentan dar sus primeros pasos como a artistas ya consolidados.

Críticas, salidas sonadas y debate sobre el modelo

En paralelo a la publicación de Loud & Clear, se ha intensificado el debate sobre si compensa o no seguir presente en la mayor plataforma de streaming del mundo. En los últimos meses, varios músicos han decidido , argumentando que los beneficios económicos no justifican su permanencia en el servicio.

A estas quejas por el nivel de regalías se suman otras de carácter ético y empresarial, relacionadas con las inversiones del consejero delegado de Spotify, Daniel Ek, en sectores como la industria armamentística. Este tipo de movimientos corporativos ha despertado críticas entre parte de la comunidad artística, especialmente en escenas alternativas y en algunos círculos europeos muy sensibles a este tipo de cuestiones.

Grupos de corte independiente y de culto, como King Gizzard & The Lizard Wizard, Godspeed You! Black Emperor, Kneecap o Café Tacvba, han anunciado públicamente su salida de Spotify, al menos de forma temporal. Aunque su peso comercial sea limitado si se compara con los grandes nombres del pop global, su decisión alimenta el debate sobre la responsabilidad de las plataformas y el margen de maniobra real que tienen los artistas.

No es la primera vez que la compañía enfrenta gestos de este tipo. En años anteriores, artistas de enorme repercusión mediática como Taylor Swift, Billie Eilish, Tool o Neil Young han llegado a retirar sus canciones del servicio por distintos motivos, desde discrepancias con el modelo de pago hasta desacuerdos por contenidos asociados a la plataforma. En la mayoría de casos, esos catálogos han terminado regresando, lo que ilustra también la dificultad de renunciar a la visibilidad que ofrece el líder del streaming.

Desde el lado de Spotify, el mensaje que acompaña al informe Loud & Clear es que “nunca ha sido fácil construir una carrera musical” y que la plataforma solo puede funcionar si su crecimiento va de la mano del de los artistas. La compañía insiste en que su papel es acercar a creadores y oyentes en todo el mundo, y que el objetivo de mayor transparencia con informes como este es precisamente alimentar una conversación informada sobre cómo mejorar el sistema.

La foto que deja esta nueva edición de Loud & Clear es la de una industria en plena transformación, con un volumen de dinero en máximos históricos y unas posibilidades de alcance global inéditas, pero también con brechas muy visibles entre quienes logran capitalizar ese crecimiento y quienes se quedan a las puertas. Para los artistas españoles y europeos, el reto pasa por encontrar un equilibrio entre la exposición que proporciona Spotify y la necesidad de construir modelos de ingresos más sólidos y diversificados, en un entorno donde las reglas del juego siguen moviéndose a gran velocidad.